Por Félix Cortés Camarillo

La Ciudad de México puede quedarse sin corridas de toros de ahora en adelante; si eso sucede, y por causas igualmente de procedimiento que de carácter económico, la fiesta brava desaparecerá de nuestro país. Así lo indica la votación del lunes en la Comisión de Bienestar Animal del Congreso de la Ciudad de México, sobre un proyecto de reforma a la ley de protección a los animales de la ciudad. El texto de este proyecto prohibe específicamente los espectáculos que produzcan maltrato, tortura o muerte a toros, novillos o becerros. Se pretende una adición al proyecto, estableciendo una multa para quien viole la disposición por un monto que puede llegar a los cinco millones de pesos al día.

De entrada, y como aficionado a las corridas de toros, debo expresar mi desacuerdo con esta intención, pero mi postura personal no tiene importancia. Sí la tiene la argumentación tantas veces esgrimida por los defensores de la fiesta, del arraigo en nuestras tradiciones –por tanto en nuestra cultura– de ese espectáculo ancestral.

Por extrapolación en eso del maltrato a los animales, los que hoy quieren darle puntilla a las corridas de toros irán tras la charrería, que muchos consideran el deporte nacional mexicano por excelencia. En las suertes charras, se puede argumentar que hay maltrato y tortura de novillos e incluso de caballos.

No debe escapar a los legisladores a quienes les toca evaluar este proyecto, las repercusiones económicas que la eliminación de las corridas de toros traería. Un flujo de ocho mil millones de pesos al año antes de la pandemia. 80 mil empleos directos y el doble de indirectos. Los impuestos que todo eso genera.

La preocupación reciente por el bienestar de los animales, que acabó en nuestro país con el espectáculo circense, es muy respetable y digna de consideración. Ha lugar, para usar un lenguaje que entiendan los diputados, a llamar la atención que ese interés por el bienestar de animales no encuentre igual afición en cuanto a la salud, alimentación, educación, vivienda y bienestar de los seres humanos, particularmente los niños. Se antoja que esta faena de la comisión es otra de las cortinas de humo políticas para distraer la atención de los mexicanos.

Basta con revisar la composición de la comisión ya mencionada. La integran nueve miembros. A saber: Jesús, el presidente, supuestamente del PVEM; Leticia, Christian,Myriam e Isabela, de MORENA; Ana y Federico, del PAN; Gabriela del PRD y Tania del PRI. Yo diría que es un equilibrio un tanto frágil.

Nota bene: el dictamen del lunes fue aprobado por cuatro votos a favor y una abstención. Cuatro integrantes no estuvieron presentes. El reglamento del Congreso de la Capital de la República exige que toda resolución en comisiones sea aprobada por mayoría absoluta.

Este toro de regalo merece, y legalmente debe, ser regresado al corral.

PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas): con todo respeto, señor presidente, la decisión de aplicar a los mexicanos como vacuna anti Covid de refuerzo de la marca Astra Zeneca y no otra, ¿tiene que ver con el hecho de que a los Estados Unidos les sobraban vacunas de esa marca llegando a su fecha de caducidad y que regalaron a nuestro país? O ¿estamos nuevamente frente a las «consideraciones científicas» del doctor López Gatell?

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