Por Félix Cortés Camarillo

Entre los muchos absurdos de nuestra definición étnica, los mexicanos nos decimos -a veces- orgullosos de nuestro mestizaje; pretendemos que la palabra negro no tiene connotaciones despectivas en nuestro pueblo, lo cual es cierto. Para los abuelos de hoy, la infancia estuvo poblada por un chiquillo dibujado que se llamaba Memín Pinguín, por lo de pingo, diablillo, y no por lo de pinga, por lo que los puritanos de hoy rebautizan cuando lo recuerdan. Con Bemba y todo. Con mis amigos Delfor y Caíto la expresión negro en nuestro trato era de profundo afecto.

            Y sin embargo…

            Llamamos Naco, sin ubicar el apócope de totonaco, a lo que despreciamos como carente de estilo, elegancia o patrimonio. Las inditas son las pobres que venden sus muñequitos en las esquinas de la capital y un indio, en lugar de ser una persona respetable y digna de admiración, es una basura.

            Dicho todo lo anterior, paso a referir una vivencia personal y perturbadora.

            La semana pasada mi mujer y yo regresamos de la Ciudad de México a Monterrey por la madrugada, en democrático y muy cómodo autobús. En la terminal de la avenida Colón, Bertha se percató de que la mujer que vende los boletos para usar un taxi les niega el servicio a los negros que lo piden, presuntamente migrantes que buscan el Norte.

            Yo no me di cuenta de ello, pero el operador del taxi que nos llevó a casa ratificó la práctica y, según su dicho, ella se debe a instrucciones de la gerencia de la terminal, avalada por el sindicato que maneja a los taxistas de Taxi Seguro y contando con la complicidad de la policía, que ignoro su afiliación.

            La misma gerencia cobra a los taxistas que tienen permiso para recoger pasaje en la terminal tiene que pagar siete pesos cada vez que entran. Al final de la jornada canjean las boletas de los viajes que sirvieron, por dinero en efectivo… menos el ocho por ciento de la comisión que cobra el sindicato.

            Tenemos en Monterrey un número grande de migrantes negros y ese número crece a diario. Algunos decidieron asentarse aquí y han conseguido algún trabajo para sobrevivir y continuar su utópico viaje o para asentarse regios. Muchos de ellos viven en las cercanías de la terminal camionera, en cuya acera hay una parada de camiones urbanos. Cuando en la madrugada esperan transporte a sus jales los policías los desalojan: no pueden estar ahí los negros.

            Nos dio mucha vergüenza.

PILON Al hito:  Los capitostes del PRI, o de lo queda de él, se reunieron el sábado para intentar rescatar su doctrina, fuerza y presencia. Andan buscando marcar un hito en el camino, un mojón que marque el rumbo y la diferencia, como dice la Academia que se define un hito. Decidieron divorciarse del neoliberalismo y del populismo, dos marcas que debieran tener registradas y fueron la base de setenta años de acción. Misma base del movimiento del presidente López y sus borregos.

            Alito le dicen a su presidente y él mismo se cree tener alas para volar en pos de la presidencia de la República, evocando a otro presidente del PRI que se llamó Roberto Madrazo, que también hacía trampas y también se hizo postular candidato del PRI a la presidencia. Dice Alito que él es más popular y conocido que Luis Donaldo Colosio, el hijo.

            ¿Usted sabe quién es Alito?

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