Por Félix Cortés Camarillo

El gobierno podrá negarlo obsesivamente como niega todas las realidades que le son ingratas, pero la Voz, que nunca se equivoca, insiste en que a partir del primero de enero los precios de los cigarrillos, refrescos embotellados y gasolina aumentarán. El último implica la cascada de aumentos de precio en todo aquello que se transporte por carretera en vehículo automotor. Esto es absolutamente todo.

            No es novedad alguna: los mexicanos estamos experimentando desde hace dos meses el índice de inflación más alto que recordamos, por encima del siete por ciento. La famosísima cuesta de enero esta vez comenzó en noviembre.

            La justificación es muy sencilla: se trata de un fenómeno universal causado en gran parte por la pandemia que nos ha traído a mal traer. Eso es cierto, por solamente en parte: las consecuencias económicas del bicho han sido proporcionalmente mayores en relación a la ineficiencia de los gobiernos para enfrentar los contagios y la metodología de vacunación. El mexicano no es precisamente ejemplar en este campo.

            Serán peras o manzanas pero es evidente que el cuarto año de gobierno del presidente López se vislumbra -se padece ya- como fatídico para los mexicanos más sufridos de este sexenio, la clase media que se encuentra en proceso de extinción. Por añadidura las otras capas de la población acabarán sufriendo igual. El fenómeno tiene influencia en la urgencia manifiesta en Palacio Nacional por la realización de su ejercicio de ratificación de popularidad.

            Si a esto sumamos la descomposición de todos los partidos políticos que no solamente han adelantado sus calendarios: también han excedido los límites tradicionales que marcaban las fronteras de las zancadillas y las intrigas para pasar de plano a las alianzas sucias, las traiciones y las maniobras del chanchullo priísta tradicional. En cuentas resumidas, el año que se acerca va a ser malo. El que sigue, si se puede, va a ser peor.      

PARA LA MAÑANERA (porque no me dejan entrar sin tapabocas: ¿no sería prudente tomar medidas restrictivas de las personas ahora que el virus ha estado resurgida fuerza? Sí, la industria turística va a sufrir. Pero sufrir es algo a lo que los mexicanos ya nos estamos acostumbrando.  

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