Por Obed Campos

Cierta primera dama de Nuevo León que conocí hace años, y con la que tuve el honor de convivir en más de un evento oficial al que me invitó, recibió en audiencia, allá en la Región Citrícola a una muchacha bastante humilde.

La joven no perdió el tiempo y expuso su caso a la primera dama: era víctima desde hacía muchos años de violencia por parte de su esposo, del cual, por razones burocráticas, no había podido conseguir el divorcio.

La señora esposa del gobernador de turno, que escuchó el caso atentamente, llamó al jefe de sus escoltas y le pidió que la comunicara de inmediato con el procurador de Justicia y con el presidente del Tribunal Superior de Justicia.

No pasaron ni tres días sin que la atribulada muchacha que tuvo la ocurrencia de buscar ayuda en la primera dama, estaba divorciada y el abusivo puesto a buen recaudo. Me cuentan que tras la audiencia en la citrícola, el machín abusivo recibió la visita de unos fortachones agentes de la Policía Judicial, quienes lo hicieron entrar en razón a base de convencimientos.

Ni de esta hazaña ni de muchas otras buenas obras mi amiga la primera dama se jactó nunca. No existían las redes sociales y Fecebook ni siquiera era un sueño de juventud, pero mi amiga, la esposa del gobernador, hizo el bien con el recato y la humildad que ameritaba el caso.

En las posiciones de poder es bien fácil hacer cosas buenas que parecen malas… y cosas muy malas también.

Lo digo por el circo que se armó este fin de semana con la primera dama actual, Mariana Rodríguez Cantú quien, cual si fuese una mascota, fue y sacó por sus pistolas un bebé del resguardo de DIF Capullos, institución que gozaba de fama de seriedad hasta antes de este gobierno.

Y, así, la primera dama se llevó a su casa por este fin de semana y en medio de fotos para sus redes sociales al pequeño Emilio, “adoptado” por dos días y vestido con la casaca de Tigres. Puro relumbrón.

La joven primera dama llamó a los nuevoleoneses a que “abran su corazón a ayudar” y consideró que “basta con preguntarles si están bien” (los niños de Capullos) y decretó que ella va a dedicar el resto de su vida a “ayudar sin buscar nada a cambio”.

Y es cierto, Mariana no creo que haya hecho esto por mal, pero de buenas intenciones está adoquinado el camino del infierno.

¿Para qué romper la ley y los reglamentos si se está actuando “de buena fe”?

Por su parte, el gobernador Samuel García criticó lo lentos que pueden ser los procesos de adopción y dijo que van a actuar para tratar de modificar la ley.

Especialistas se manifestaron en el sentido de que no existe una figura de “adopción de fin de semana” como la que la pareja dice que respaldó la acogida que le dieron al bebé.

Pero qué se podría esperar de gente tan frugal, como nuestro gober, que prefiere apostarle a un estadio de futbol en medio de una pandemia y que, en sus prisas de protagonismo, le da todas las facilidades a la empresa “Juego de Pelota Inc.” para que construya la sede deportiva, siendo que la empresa goza fama de quedar mal y de malas en otros proyectos… Pues seguiremos fosfo-fosfo.

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