Por Carlos Chavarría

Pablo Gómez, senador de la república y flamante director de la Unidad de Inteligencia Financiera del gobierno federal, no es ningún ocurrente y mucho menos improvisado cuando “sugiere” que sean el propio gobierno federal y algún grupo de inversionistas mexicanos los que compren el segmento de negocio de banca de consumo que anunció intenciones de  vender por parte de Citibanamex.

También, y muy contrario a su discurso acostumbrado, se ve poco natural la equilibrada respuesta y comentarios del presidente López Obrador al respecto de este asunto, puntualizando de manera ladina su preferencia de que quedara en manos de mexicanos  la parte de Banamex que vendería Citigroup.

Se ve poco natural porque el tema está hecho “como anillo al dedo” para atacar a los gustados enemigos neoliberales de nuestro ejecutivo y, sin embargo, ahora que tiene la ocasión hasta se aprecia solícito y objetivo. No olvidemos los antecedentes de este asunto.

Citigroup de los Estados Unidos, compró Banamex en 2001 a un grupo de inversionistas encabezados por Roberto Hernández  quién continúa como consejero honorario de CitiBanamex. La operación fue muy comentada por la gran rapidez con la que se realizó en el piso de valores de la Bolsa Mexicana. Por cierto que el propio López Obrador aludió a este detalle asegurando que ahora sí tendrán que pagar los impuestos debidos.

Citigroup busca vender la banca de consumo de Citibanamex y mantener en su portafolio la banca corporativa, todo para aligerar sus pésimos resultados durante la pandemia, situación que queda debidamente expuesta en su reporte a sus accionistas [https://www.citigroup.com/citi/investor/quarterly/2021/ar20_en.pdf?ieNocache=714]. Al leer este reporte se aquilata el peso del impacto de la pandemia en las empresas globales como Citigroup y suena lógico el querer concentrarse en su mercado más importante, el de banca corporativa.

No es nuevo que una empresa trate de colocar sus recursos donde más rindan y con menos riesgo, BBVA grupo también vendió su participación en el mercado de los Estados Unidos.

Aunque es una sorpresa que un hombre de izquierda con los antecedentes de Gómez sea el que lanza esta iniciativa para debatir, no deja de tener algo de sentido para fortalecer la imagen del ejecutivo frente al sector privado que ha sido tan atacado desde la presidencia.

La figura existe y es bastante común. Las sociedades de inversión de capitales es el instrumento apropiado para que desde el gobierno federal se empujara la reapropiación de Banamex por parte de mexicanos y mandaría una excelente señal de un giro radical no solo en el discurso sino en la acción del sector publico y el privado.

A nuestro país le hace falta con urgencia recuperar la confianza de los inversionistas nacionales y extranjeros y una medida como ésta va en esa dirección, pues el propio gobierno arriesga para que se cristalice un buen negocio para todos.