Por Elí González

“No me aterra que me hayas mentido, sino que ya no pueda creerte”, dijo en su día el filósofo alemán Friedrich Nietzsche. Una frase cargada de sentido que llega a su máxima expresión si se traslada al mundo del periodismo.

Cuando un medio de comunicación falta a la verdad en sus noticias no sólo repercute negativamente en su propia imagen, sino que falla en su labor como cuarto poder cancerbero de la democracia; destruye vidas y la salud de la sociedad que la lee, escucha y ve.

El periodismo debe mostrar la realidad social sin mentiras y con objetividad. El periodismo es un compromiso ideológico e informativo que el periodista asume con la población; compromiso sustentado con la ética profesional, de la que depende la credibilidad del medio comunicativo para el cual se labore.

Cuando un periodista o un medio de comunicación, infringe la ética promoviendo y dándole espacio a las mentiras, pierde la credibilidad y la responsabilidad; esa pérdida depende única y exclusivamente de quién prefirió publicar y dar espacio a esas mentiras que dañaron su credibilidad.

Las razones que esgrimen los periodistas que mienten para faltar al código ético propio de su profesión ya no son un misterio. Adulteran la realidad para obtener un beneficio. “Mayor reconocimiento profesional” y retribución económica. Es por esta razón que cometen tan deplorables actos.

Por otra parte, la política es la ciencia y el arte del buen gobierno dedicado al servicio de la nación; disciplina que se ejerce a partir de la participación y movilización condicionada de la ciudadanía en los asuntos y la orientación del Estado. Cosa que los políticos de la hoy oposición, no saben o no quieren respetar.

En nuestro país tenemos una prensa que deforma, que engaña, que alegando ser imparcial, nos trata de meter ideas y creencias, como fuente de ideología, tratando de convertirse en sacerdotes de la verdad, una mentira laica construida para conveniencia de algunos, una mentira llamada ideología. Es una prensa que busca poder, no la verdad.

La prensa a sueldo, opera por encargo y su cliente es la oposición, quienes ordenan generar la información falsa, para poder atacar al gobierno de AMLO. La oposición utiliza primero a la prensa, para después retransmitir la falsedad, conscientes que que se extenderá a una mayor velocidad que las verdades.

Para la oposición es difícil comprender que el periodismo y la política son dos profesiones que están ligadas de por vida, ya que son los intermediarios entre el gobierno y la opinión pública. Por lo que se debería utilizar con recato, con rigor y ética.

La oposición y sus patrocinadores no entienden o no quieren entender que por un lado debe estar el periodismo que funge como el canal para mantener informada a la ciudadanía y por otro la política, el agente del cambio.

El gobierno actual del presidente Andrés Manuel López Obrador cuenta con otra prensa joven que junto con el gobierno, saben que por naturaleza, deben de estar dedicados a la mejora, cuidado y progreso de una sociedad, ambos trabajando siempre bajo las demandas de la misma, que son a la vez integrantes activos de una población.

El papel que juegan los medios masivos de comunicación en la política es fundamental, aludiendo a ello que todo periodista debe tener responsabilidad al informar y todo gobierno debe de tener la responsabilidad de responder a la sociedad que está dirigiendo.

Desafortunadamente en nuestro país la mentira en la prensa convencional, es una moneda de cambio; las malas prácticas periodísticas son frecuentes y vienen acompañadas de impunidad. Tales prácticas avergüenzan y menoscaban la razón de ser del periodismo y la comunicación social.

La indignación selectiva y el silencio conveniente son cómplices de su degradación. Forman parte, además, de los mecanismos de creación de “posverdad” que han convertido a nuestro debate público en un intercambio de memes.

Estamos a tiempo de enderezar el camino. Luchemos por una prensa objetiva y que no necesite un pago para decir la verdad o la mentira en favor o en contra de alguien para dañar su imagen.

El periodismo que miente, es cómplice de los crímenes en un país.