Por Malthus Gamba

El término “mercenarios del periodismo” comienza a popularizarse en el habla cotidiana del ciudadano. Sabemos que hay dos categorías claras, que definen el tipo de comunicación que se practica en nuestro país. Está la prensa convencional y un periodismo independiente que empieza a tomar forma y fuerza en redes sociales y plataformas alternativas.

Mientras en el primer caso priva, sobre todas las cosas, el interés por el beneficio económico, en redes sociales y blogs de periodismo alternativo, el deseo de informar, opinar y analizar con objetividad, es lo prioritario.

Uno de los exponentes que refleja fielmente la poca calidad informativa que exhibe la prensa conservadora, es Carlos Loret de Mola. A nivel nacional, es ampliamente conocida su propensión a la noticia falsa. A los montajes informativos preparados por mandato de alguna autoridad o por la necesidad de atraer audiencias que garanticen su permanencia como conductor estelar en televisión u otro medio.

El caso de una falsa reseña de guerra, cuando en realidad se estaba muy lejos de la línea de combate. El falso arresto de una banda de secuestradores, que en realidad habían sido capturados un día antes. El asunto de una niña inexistente, por la que se pedía auxilio a los elementos de rescate, para que pudiera salir de los escombros de un edificio colapsado, a consecuencia de un sismo.

Los montajes de Loret de Mola han sido exhibidos públicamente. La salida de este personaje de la empresa Televisa se debió, en buena medida, a la falta de credibilidad que venía arrastrando. Sin embargo, para una clase conservadora sin proyecto alterno, el uso de un desinformador sin escrúpulos como Carlos Loret, resulta más que conveniente. La única vía al alcance de estos grupos opositores, es la desinformación. Utilizada como herramienta para restar apoyo al gobierno del presidente López Obrador y para ganar adeptos que caigan en las redes de su engaño, está que ni mandado a hacer.

Carlos Loret de Mola, al igual que Víctor Trujillo, Sergio Sarmiento, Azucena Uresti y Carmen Aristegui, por citar únicamente a algunas de las más representativas figuras de la prensa reaccionaria, intentan a diario desgastar el apoyo social que respalda al gobierno del presidente López Obrador.

Apelando a la libertad de expresión, estos comunicadores han desarrollado una estructura noticiosa, donde la mentira es la nota de cada día. Se miente con descaro y sin pudor alguno. El respeto a las audiencias es algo que no se toma en cuenta. Se piensa que la gente sigue siendo pasiva y hasta tonta. Y en base a esa visión deplorable, diseminan mentiras de todo tipo, con el único fin de dañar la credibilidad en el gobierno.

Eso no les está funcionando hasta la fecha. Los niveles de aceptación y respaldo al presidente, se siguen manteniendo arriba del 65%. Por eso las mentiras han subido de nivel. Hoy no solamente se ataca a los principales personajes de este gobierno. Se trata de manchar a la familia del presidente López Obrador y a la de otros funcionarios. Sobre todo a los hijos.

Carlos Loret de Mola y Carmen Aristegui prepararon y difundieron una campaña en la que se acusa al hijo mayor de López Obrador de haber rentado una casa propiedad de un particular que trabaja para una empresa estadounidense que tiene contratos con PEMEX desde tiempos de Vicente Fox. Este empleado nunca ha manejado esos contratos ni conoce a la familia del presidente. El arrendamiento de esa casa lo vio directamente una inmobiliaria.

La familia del presidente López Obrador no trabaja en la administración pública. No maneja dinero del pueblo. No tiene que ver con los contratos que se firmaron hace más de una década. El montaje es claro y, hasta la fecha, la sociedad mexicana no ha mordido el anzuelo de la calumnia. Pero desenmascarar a quienes dejaron hace mucho de ser periodistas para asumirse como mentirosos de tiempo completo, es indispensable.

Si realmente hay recursos públicos usados para pagar favores a los “mercenarios del periodismo”, como bien los ha calificado la senadora de Morena, Antares Vázquez, estos estuvieron y están saliendo de las arcas de gobiernos estatales, de filiación opositora.

Hay reportajes en medios informativos independientes, en los que se da cuenta de que Silvano Aureoles, exgobernador en Michoacán, financiaba al portal Latinus, donde laboran Loret de Mola y su “hermano” Brozo. Lo mismo sucede con el gobernador de Tamaulipas, Cabeza de Vaca, quien ha dado recursos al mismo portal. Ahí sí hay elementos para sospechar un uso indebido de recursos públicos.

En una conferencia mañanera, el presidente López Obrador hizo del conocimiento de la sociedad del país que Carlos Loret de Mola cobró, por concepto de sueldos, la cantidad de $35,200,000.00 durante el año pasado.

Televisa, Latinus, el Washington Post, El Universal , Radiópolis y otros, pagaron esa suma en diferentes porcentajes.

Realizar montajes, mentir a la audiencia, calumniar abiertamente sin contar con pruebas reales que sustenten lo que se dice, es un negocio redondo para gente como Loret de Mola. López Obrador lo dijo con claridad: “A Carlos Loret no le están pagando por ser un extraordinario periodista. Le paga la oposición por el trabajo sucio que realiza. Por el golpeteo permanente al gobierno”.

El sueldo insultante de este comunicador sirve también para conocer el rostro de quienes conforman el grupo de los “mercenarios del periodismo”. Se tienen que quitar la máscara para defenderlo.

Señalan que el presidente hace mal al usar datos de Hacienda y el SAT para evidenciar el salario que disfruta Loret. A pesar de que la información presentada en la mañanera, llega por vía ciudadana, según lo manifiesta el presidente y de que no hay un solo documento oficial exhibido. Se trata de un cuadro informativo, en hoja de Excel.

Todos quienes se sienten militantes del decadente Cuarto Poder, minimizan los montajes de Loret de Mola y Carmen Aristegui.
Defienden abiertamente al reconocido fabricante de mentiras, porque es uno de los suyos.

Les molesta que se hable de sus altos salarios, porque saben que son excesivos y que no corresponden a su labor periodística. Son recursos que les llegan a muchos de manos opositoras, por apoyar la campaña de lodo que impulsan empresarios y políticos corruptos. Los mismos que les pagaban “chayote” en el pasado. No van a convencer a una sociedad despierta de que la verdad está del lado de Carlos Loret de Mola.

No van a convencer al pueblo de México que mayoritariamente apoya al presidente, de que López Obrador es un dictador y tan corrupto como ellos cuando gobernaron. La sociedad mexicana decidió dar su confianza y respaldo desde las elecciones del 2018.
Esa confianza se mantiene sólida y es para el presiente y su proyecto transformador.

Los montajes serán muy buen negocio y harán millonarios a determinados “mercenarios del periodismo”. Pero no convencen a la gente. No engañan al pueblo, ni suman traidores a las filas de la oposición fascista. Los millones de Loret de Mola, apestan. El periodismo mercenario ya no engaña.