Por José Francisco Villarreal


Sigo sofocado por la cantidad de información que se emite sobre la guerra en Ucrania. Es verdad que no se puede matizar el impacto de una invasión, ni minimizar el efecto en la población de la zona invadida. Pero en toda la retórica de políticos occidentales y sus resonadores mediáticos, hay una intensa campaña que parece más bien tratar de reivindicar a la OTAN, una organización obsoleta, de defensa básicamente para Europa, cuyo comando militar siempre ha estado dirigido por generales estadounidenses. Putin justifica su invasión a Ucrania precisamente ante la innegable amenaza de la OTAN a Rusia y sus aliados, pero paradójicamente, sus acciones también justifican la coalición occidental frente a una posible amenaza rusa, especialmente después de que se apropió de Crimea. Así es de estúpida toda guerra.

Eso sí, parece que sigue manteniéndose con un bajo perfil la situación interna de Ucrania y su ultraderecha fortalecida. Ultraderecha, un eufemismo para referirnos a neonazis de los que en México también tenemos bastantes. Aunque como en México somos muy ingeniosos para el pirateo, muestro nazismo trasmutó la pureza racial aria a algo más relevante: el ADN de nuestras cuentas bancarias.Yo esperaba, por supuesto, que algún legislador federal hiciera su espectáculo en tribuna montándose en el tema bélico. ¡Claro que no fui defraudado! El diputado panista Gabriel Quadri, llevando de edecán a la diputada María Teresa Castell de Oro, usaron la tribuna para expresar sus exigencias en la política exterior mexicana. Básicamente exige la retirar de Ucrania al ejército ruso, exige sanciones de México en contra de Rusia, llama dictador a Vladimir Putin y pide expulsar de México al embajador ruso. ¡No se midió el tal Quadri!

La invasión de Ucrania por supuesto que es un acto agresivo que repudiamos todos. El gobierno mexicano también se ha pronunciado contra eso, incluso es un principio que se maneja en el Consejo de Seguridad de la ONU. Nadie festeja esa invasión, incluso en Rusia muchos la rechazan. Tachar de “dictador” a Putin, pues es bastante relativo; pero su permanencia en el poder no le ayuda mucho a don Vladimiro, y menos su posición respecto a temas elementales de oposición política y derechos humanos. Quadri debe admirar secretamente a Putin, por sus maravillosos logros a favor de la homofobia. Muy en el fondo, Quadri debe soñar con un régimen así, que aplaste violentamente a la oposición y a la sexualidad no convencional.

En cuanto a sancionar a Rusia, yo sí estoy de acuerdo. Todos los mexicanos, gobierno incluido, tenemos el pleno derecho de castigar al gobierno ruso con el látigo de nuestro desprecio, sacarles la lengua a ellos y sus productos, aceptar con asco sus cochinos rublos a cambio de lo que les vendamos, recibir con mohines su colaboración en programas conjuntos. Pero no más. México no debe adoptar sanciones unilateralmente sino en acuerdos a los que esté obligado en la comunidad internacional e, incluso así, evitarlos si esas sanciones afectaran a México. Nuestro país no debe estar vetado para ciudadanos rusos, ucranianos, bielorrusos, o de cualquier nacionalidad sólo por su origen o por los “pecados” de sus gobiernos. En todo caso por sus antecedentes personales, no nacionales y mucho menos raciales.

Pero en donde el inepto de Quadri se brincó las trancas, fue al exigir la expulsión del embajador ruso. Este sujeto, rescatado por el PAN de la burla pública por su atenta mirada hacia una despampanante edecán, cree que la diplomacia se ejerce a empujones, como los que se dio con miembros de la comunidad trans. No imagino cómo recibiría “poposchka” Putin la noticia de que le corrieron a su embajador en México. Porque está visto con esta guerra contra la OTAN que don Vladimiro sí le jala la cola al tigre, y hasta lo monta, cuando menos en los “memes”.

¡Ahora sí que estamos arreglados! En el Congreso de la Unión, cual coliseo romano, puro “PAN y circo”. Como si la sola enumeración de países de la OTAN pastoreados por Estados Unidos, y la poca discreta potencia militar rusa y de sus aliados no fuera suficiente para petrificarnos de horror. En México ya estamos acostumbrados a la política rascuache de nuestros diputados (locales y federales). Pero llevar esa comunidad argüendera a incidir con performances en la política internacional es exponernos a algo mucho más grave que la burla. El Senado, que no es menos argüendero, tiene por lo menos mayor competencia en estos temas.

De hecho, tal vez nuevo Nuevo León podría tener la solución. Si el gobierno fosfo ya decretó prácticamente el fin de la epidemia de Covid-19, don Samuel podría de paso decretar el fin de la guerra en Ucrania, la disolución de la OTAN, el desarme de Rusia y Estados Unidos (salvo Texas), la apertura de las cataratas celestiales sobre nuestras presas (previa construcción de un arca en la Macro), la conversión de los narcos en piadosos monjes cartujos y, si no es demasiado pedir, la aplicación del voto de silencio a su locuaz secretario de Seguridad, que tiene respuestas para todo pero soluciones para nada.