Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

La crisis de comunicación política le estalló al gobernador Samuel Alejandro García Sepúlveda por la crisis social de la inseguridad, de la sequía, de la movilidad, de la contaminación. Si la pandemia menguó, las otras crisis sociales se acrecentaron. Desde sus anteriores puestos de representación popular, García Sepúlveda tenía en Glen Villarreal Zambrano a un operador confiable; desde la Comunicación Social del Gobierno de Nuevo León, a las primeras de cambio Glen tuvo que rendirse ante lo obvio: no es un profesional, es un improvisado, por eso los cambios.

Samuel Alejandro, otro improvisado, después del descalabro de Glen, tiene que plantearse si los actores de Jalisco y Michoacán tienen como meta mejorar la comunicación o mejorar sus finanzas empresariales, ergo, personales. O trabajan para sí mismos o trabajan para García Sepúlveda. Hasta ahora trabajan para sí mismos, no para un proyecto Nuevo León –a menos que Samuel Alejandro se beneficie con el próximo “desfalco”.

Samuel Alejandro sí quiere cambiar Nuevo León, pero no puede. Las inercias lo frenan, sus relaciones de campaña, también. Su nulo entendimiento de la comunicación política empieza a destruir su imagen. Si hay que calificar los resultados de los comunicadores que han hecho del negocio informativo de Nuevo León, hay que adjetivar que son mediocres, tanto con el gobernador de Jalisco, Enrique Alfaro, como con el ex gobernador de Michoacán, Silvano Aureoles. En efecto, Rafael Valenzuela Cardona y Julieta López Bautista hacen negocios, no crean buena imagen. Y lo que requiere Samuel Alejandro es recomponer su imagen deteriorada.

A García Sepúlveda las crisis lo superan. Andar al doble juego con el presidente Andrés Manuel López Obrador, en el tema del federalismo y el agua, lo destruyen. Abrió tres frentes y se queda aislado en Conagua, San Luis Potosí y Tamaulipas. El exterminio del Cártel de Sinaloa en Nuevo León deja innúmeros asesinatos: la inseguridad no parará porque esta plaza es vital para la industria del narco. El Impuesto Verde es una salida volátil, es decir, inútil. La movilidad –social y de transporte– es, como se decía antes, asignatura pendiente.

Avejentado joven, Samuel Alejandro no leyó a Horacio Verbinsky ni a Julio Scherer García: la tarea del periodismo es desnudar, desvelar lo que el poder oculta. Antiguo joven, se denota militante lópezportillista: No pago para que me peguen. Desprecia la crítica, por eso es devoto de esa creencia de que todos sus críticos buscan dinero. Y el problema no son sus críticos, son sus allegados, los voraces del negocio fácil y el enriquecimiento jalisciense y michoacano.

Si la comunicación se reduce a la lógica del marketing, el cortoplacismo la domina. Gobernar comunicacionalmente para el día, la hora o el minuto… no sirve. Ni el Dios Bot salva del instante. Endiosarse desde Internet es diabolizarse. Los halagos son comprados, las críticas e impugnaciones, regularmente, legítimas. “Botear” no es argumentar, por tanto, no es persuadir. Los “likes” no argumentan. Menos cuando provienen de granjas. Para definirlo mejor: masturbarse digitalmente también es un ejercicio de desesperación, no de placer.

La diferencia entre el discurso político y lo real sin discurso es evidente. Como es evidente que los medios de comunicación son empresas, no periodismo, también evidente que la explosión de nuevos territorios y arenas cambian la estructura de los medios llamados tradicionales. Cuando los medios imponen la empresa por encima del periodismo, la independencia naufraga, la autonomía, sufre. El periodismo amenaza al poder o no es periodismo. Comprar no es informar.

En el relato de un nuevo gobierno, la argumentación se diluye. El intento dramático de la afectividad (Mariana Rodríguez) es sintomático de enmascarar la vida pública en “vida privada”. Orden del día o agenda setting, da lo mismo. Samuel Alejandro García Sepúlveda tiene una disyuntiva: sacar a Nuevo León de su crisis o saquear a Nuevo León en su crisis. O compañeros de viaje o cómplices de ultraje. Sobrevivir sin existir (Rodrigo Medina, Jaime Rodríguez Calderón) no es opción, se jodieron temprano. ¿Es tu destino Samuel Alejandro?