Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

La imagen y su simbolismo son contundentes. En las escalinatas del poder del Palacio de Cantera, activistas le dedicaron un mensaje a la titular de la Oficina Amar a Nuevo León, Mariana Rodríguez Cantú: “Mariana, abre los ojos”. Encima de la frase, una intervención digital semejante a una pinga, verga, falo o pene. Sempiterna sometida, Mariana se convirtió en activista de ocasión, manifestante por un rato.

Claudia Muñiz, una de las voceras de la Asamblea Feminista de Nuevo León, criticó a Rodríguez Cantú: “Fue un oportunismo político… No somos funcionarias públicas, entonces ves a Mariana Rodríguez, la esposa del gobernador, marchando y es: ¿Tú qué exiges, Mariana? Si tú eres parte del gobierno”.

¿Cuál es la emancipación que busca Mariana? ¿Cuál es su postura en torno al aborto? ¿Qué opina del movimiento feminista transfronterizo? ¿Cuál es su posición ante el capitalismo patriarcal? ¿Asume su cuerpo como territorio político o sigue siendo “propiedad” de Samuel García o ya se descolonizó? ¿No se siente oprimida, explotada, devaluada, sometida, enajenada? ¿Y qué de la frase del movimiento feminista de la Cuarta Ola: “No es amor, es trabajo”?

La participación de Mariana en la marcha feminista no es genuina. Su historia la delata. “Incluirse” en el movimiento de emancipación y en contra de los feminicidios la exhibe como hipócrita. Su preocupación es la imagen; su ocupación, Instagram. El oportunismo es evidente: nunca se le había visto en una marcha del 8M, tampoco en una manifestación gay. Rodríguez Cantú consiguió sus 15 minutos de fama en el marco del 8M; tramoyista, cambió el decorado de las exigencias feministas pintadas en los muros del Palacio de Cantera por la “doméstica” labor de restaurar lo intervenido, es decir, en su constructo, restaurar el poder donde habita como “princesa” (según sus propias imágenes revestida de Cenicienta).

Mariana tiene el derecho a participar en las marchas feministas. A lo que no tiene derecho es a abusar o querer abusar de ellas.

La frase “Mariana, abre los ojos” es significativa porque es una provocación para que reflexione sobre su condición sometida. La imagen del pene es simbólica porque la lucha contra el patriarcado destruye la envidia y el “reflejo viril”: “date cuenta”, “abre los ojos”. Mariana se pretende extremadamente móvil, pero deviene en lugar vacío, en ocupante sin lugar (Deleuze reflexionando sobre Lacan).

Visibilizar la violencia contra las mujeres con pintas y destrozos, no es “otra violencia”, y nunca es equiparable a las violaciones y feminicidios. Por lo demás, para aquellos que se espantan con las pintas, grafitis y destrozos, hay que recordar la frase de Luis Cardoza y Aragón: “Las estatuotas son los excrementos de bronce caídos al azar de un gran pájaro mitológico que voló sobre la ciudad”. Así que menos impostura, menos tartufismo.

El «desastre» que hizo una manifestante en una de las marchas y el desastre hecho por el feminicida de Ingrid Escamilla.