Por José Francisco Villarreal

Me preguntaron que si me “gustó” ver cómo quebraban ventanas del Palacio de Gobierno de Nuevo León y cómo incendiaban puertas. No, no me gustó. Pero no tengo cara para recriminar una expresión política/social de esa magnitud.

Los hombres destruimos de muchas maneras, y se nos puede criticar, reprochar, condenar, pero en el fondo se ve y se hace como una exhibición de fuerza.

Tradicionalmente se ha destinado a la mujer el papel de conservadora: la que cuida, la que protege, la que cura, la que remienda. Entramos en shock cuando rompe su guion. Tal vez creemos que estamos indignados cuando en realidad estamos aterrorizados. No sabemos cómo establecer un diálogo. Porque esto no se resuelve con promesas, leyes, desplegados, declaraciones, ceremonias, halagos, piropos, ramos de flores, serenatas, cenas y chocolates. Nuestro monólogo no sirve; y nunca sirvió porque es convencional y completamente irracional.

No, no me gustó que quebraran las ventanas e incendiaran las puertas del Palacio de Gobierno. No lo celebro. Sí lo comprendo.