Cada temporada de migración, guardaparques de la Conanp realizan nueve censos de ballenas, el soplo de cada ballena permite identificarlas.

La respiración de una ballena gris (Eschrichtius robustus) es tan espectacular que permite encontrarla aún a la distancia, y es por medio de cada soplo que los guardaparques pueden contarlas una a una, para estimar su población y determinar si se trata de un ejemplar adulto o un ballenato; informó MILENIO.

Cada invierno, cientos de ballenas grises recorren más de 9 mil kilómetros desde el Mar de Bering en Alaska hasta el complejo lagunar Ojo de Liebre en Baja California Sur. Una parte del grupo migra con el firme propósito de aparearse, mientras que otras hembras vienen preñadas y llegan hasta estas cálidas aguas para parir y cuidar de sus crías. Es el Santuario de Ballenas «El Vizcaíno», también conformado por la laguna costera San Ignacio, ambas ubicadas en la reserva de la biosfera del mismo nombre.

“Son ballenas mexicanas que nacen en México y se reproducen en México; toman mucha energía y se van en esta larga migración de regreso a las áreas de alimentación”, señaló Everardo Mariano Melendez, director de la Reserva de la Biosfera «El Vizcaíno», sitios que forma parte de la Lista de Patrimonio Mundial de la Unesco, en la categoría Bien Natural.

Cada temporada, los guardaparques de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (Conanp) realizan nueve censos de ballena para conocer las tendencias de su migración. Este año, reportaron la presencia máxima de 948 ballenas, esto fue durante el quinto conteo que realizaron el pasado 14 de febrero dentro de la temporada 2021-2022. De ellas, 271 ejemplares migraron solas para aparearse; mientras que 290 madres llegaron a parir a igual número de ballenatos.

“Los censos y recorridos de vigilancia muestran que la mamá interactúa con el ballenato y le muestra cómo respirar durante dos o tres meses y después migra hacia el norte”, señaló el biólogo Noé López Paz.

Contar los soplos

Para realizar el censo, los guardaparques recorren la laguna a bordo de dos lanchas durante cinco horas continuas, desde donde observan y cuentan cada soplo, es decir, las columnas de vapor de agua que las ballenas expulsan cada vez que emergen para respirar por los espiráculos –orificios nasales– que se encuentran en su lomo; señaló MILENIO.

El recorrido se hace en colaboración con la empresa paraestatal Exportadora de Sal de Guerrero Negro, que dispone de una panga al equipo de la Conanp; a las 9:00 horas parten del muelle de Puerto Chaparrito, en terrenos de la salina más grande del mundo.

«Van dos observadores, uno a la derecha y uno a la izquierda, el anotador y el motorista, lo que vamos haciendo es observando qué ballena es, si lo ves a simple vista se ve la mamá y la cría, pero si está muy alejada es un soplo grande y uno pequeño, y nosotros con los binoculares, certificamos qué en verdad es», explica Gabriel Zaragoza Aguilar, guardaparques que desde hace 25 años participa en el conteo de ballenas que realiza la Conanp.

Los cuatro tripulantes realizan su misión a conciencia, concentrados en observar los soplos en el horizonte, pero en ocasiones pueden ver a estos gigantes por completo y saber qué están haciendo.

“Nosotros desde lejos podemos ver su comportamiento, si sacan la parte de su cabeza le llamamos espía; cuando están dormidas, están flotando en la superficie”, cuenta Gabriel, cuando abruptamente indica «sola” a su compañero apuntador y continúa: “más o menos finales de enero y principios de febrero hay muchos apareamientos, entonces se miran tres, cuatro ballenas dando vueltas, y a veces muestran sus partes”.

El guardaparque José Buelna Grado, quien prefiere lo llamen Pai, rompe unos instantes la concentración y dice “con la práctica vas empezando a identificar la diferencia entre los soplos, la diferencia entre los movimientos de una ballena adulta y una cría, vas agarrando ojo”.

Foto: Jesús Quintanar

Recuerda que hace justo 10 años, durante la temporada 2011-2012 se presentó un récord en la población de ballena gris en la Laguna Ojo de Liebre, cuando se registraron 2 mil 721 ejemplares, entre adultos y crías.

Por su parte, el biólogo Noé López Paz, un guardaparques que viaja en la segunda embarcación, indica que el mayor número de nacimientos ocurre en la laguna Ojo de Liebre, donde “hemos tenido registros de más de mil nacimientos de ballenas”, y un número más reducido en San Ignacio.

De acuerdo con el reporte de la Abundancia de ballena gris en la Laguna Ojo de Liebre, la temporada más baja fue 2009-2010, cuando sólo se registraron 573 ballenas, entre adultos y crías.

Sin embargo, para la laguna San Ignacio, la temporada con el mayor número fue 2012-2013 con 392 ballenas y la más baja, la temporada 2019-2020 con 113 especímenes; resaltó MILENIO.

Pai vuelve a mirar el horizonte, subrayando que “es de las actividades que más esperamos durante el año, la temporada de ballena”.

El fenómeno de la ballena amistosa

La ballena gris es una especie enlistada en la Norma Oficial Mexicana NOM-059-SEMARNAT-2010, bajo la categoría de Protección especial; actualmente, su población está sana, pero hace dos siglos, esta misma laguna fue una trampa mortal, ya que entre 1846 y 1874 flotas extranjeras cazaron cerca de 6 mil ballenas.

Gabriel explica que la laguna fue llamada “Ojo de liebre» porque supuestamente en los años en que venían los cazadores de ballena, desde lo alto se miraba rojo, las liebres tienen su ojo rojo. En aquellos años, Charly Scammon, el cazador más grande que hay de ballenas, descubrió que esta laguna era un santuario, entonces hizo su matazón de ballenas en esta zona”.

Los cazadores las llamaban el pez demonio, por la ferocidad con que se defendían de los ataques, hoy, la ballena gris es sumamente amistosa, y así lo constatamos al terminar el censo, cuando apagaron motores de la embarcación y de la nada, una ballena nos sorprendió por un costado.

No hay palabras que puedan describir la emoción de estar tan cerca de este inmenso ser, ella parece juguetear conforme la gente a bordo lanza expresiones de asombro y alegría, al tiempo que expulsa un soplo y nos da un chapuzón. Cruzar la mirada con uno de sus ojos es mágico, no hay miedo, ella sigue ahí, pasa por debajo de la panga y sin rozarla aparece del otro lado.

El fenómeno de la “ballena amistosa” es un comportamiento que los investigadores siguen tratando de explicar, y sólo ocurre aquí. Esta emoción atrae a cientos de turistas cada temporada, y mantiene a Gabriel y sus compañeros trabajando fuertemente cada temporada en estas lagunas.

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La Conanp estima que en temporadas previas a la pandemia, el avistamiento de ballenas significó una fuente de ingresos para 90 familias de prestadores de servicios turísticos, 500 familias de hoteleros y 70 familias de restauranteros, con un total de 2 mil 650 personas beneficiadas, por lo que la derrama económica estimada llegó a ser de más de 3 millones de dólares anuales en la Reserva de la Biosfera El Vizcaíno; informó MILENIO.

“Cada vez que salgo y si ella se arrima a uno es una emoción que siente uno, no sé, el vivirla, es algo muy especial para nosotros, además en mi caso que yo me la paso casi toda la temporada dentro de la laguna, la atracción entre uno y ella es muy bonito. Creo que lo transmiten por generaciones a su crías, sus mamás que se pueden arrimar hacia nosotros, porque este comportamiento que tiene aquí en México, en sus zonas de alimentación no se da, no hacen ese comportamiento de acercarse a la embarcación”, señala Gabriel.

El biólogo Noé López señala que el cambio climático es una de las principales amenazas de la ballena gris; este año encontraron cerca de 15 ejemplares muertos, entre adultos y ballenatos.

Imagen: Jesus Quintanar | MILENIO