Por Obed Campos

Desde su incursión en la escena política el Gobernador de Nuevo León, Samuel “Mattel” García, se ha caracterizado por ser un pendenciero.

En sus comienzos era el personaje simpático que servía de patiño y escudero al ex mandatario Jaime Heliodoro Rodríguez, quien hoy enfrenta un proceso penal, para combatir a los “malvados” diputados del PRIAN.

Con el paso del tiempo, vimos a Samuel amenazando desde la tribuna del Senado, una y otra vez, con bravuconadas a funcionarios de todos los niveles e, incluso, hasta alguno que otro empresario, de esos que no impulsaban su idea de convertirse en “Gobernatore”, claro está.

Hasta ahí todo fluía más o menos normal. Durante su campaña para alcanzar la gubernatura el bravucón continuó con sus amenazas generalizadas, sin que nadie lo tomara muy en serio. A nadie sorprendía ya con sus arranques… Era Samuel “Mattel”.

Mientras Samuel cumplía con el acto de protesta en el que aceptó el cargo de Gobernador, en fila en los aeropuertos, llegaron siniestros personajes de distintos puntos del país. Son los operadores del nuevo “gobernatore” o sus sicarios, si usted lo quiere ver.

Así, cuando Samuel llegó al poder también arribó lo que tanto había esperado para convertirse en un bravucón “de respeto”: un sicario de la política que materializara sus amenazas, para que sus palabras dejaran de ser anecdóticas y se convirtieran en intimidantes.

Salido del despacho de su padre, Samuel Orlando García Mascorro, se puso a las órdenes del gobernador nuevoleonés a un fiel porro llamado Félix Arratia Cruz, abogado chiapaneco, amigo de los procedimientos fuera de los caminos de la ley si estos conducen a los objetivos de su amo.

A los pocos días de iniciado el mandato constitucional de Samuel, el abogado Arratia Cruz comenzó a operar sin pudor alguno intimidando, a través de la Subsecretaría de Administración Tributaria, a quienes se opusieran a cualquier proyecto que se le pusiera enfrente al Gobernador.

Ejemplos hay muchos.

Al activista Carlos Sánchez, miembro de la Asociación contra la Corrupción e Impunidad de Nuevo León, “inexplicablemente” le llegaron citatorios luego de que solicitara juicio político contra el Jefe del Ejecutivo y otros funcionarios.

La misma historia fue vivida por los dueños de la empresa Telecomunicaciones y Servicios del Norte, S.A., quienes luego de denunciar que fue amañado un concurso para favorecer a un proveedor favorito de Samuel, recibieron visitas y auditorías del llamado SAT de Nuevo León que terminaron hasta que fue clausurado el negocio.

Conforme pasan los días de la actual administración, Arratia Cruz parece crecerse, tanto que ya comenzó una persecución selectiva contra empresarios y ciudadanos, con una actitud que poco aporta al ambiente de diálogo que han promovido diversas cámaras y asociaciones, así como las diferentes fuerzas políticas. La conjunción de las crisis del agua, seguridad pública, política interior y migrantes, entre otras, hacen que ante los ojos de muchos aparezca clara la necesidad de conciliar, naturalmente menos para los del bravucón “Gobernatore”.

El mensaje es claro: Samuel puede seguir peleando, pero lo que no se vale es llegar a las necesarias mesas de negociación de esta entidad acompañado de un porro o sicario, igual a los de la vieja política que decía iba a cambiar.

Y es que Samuel parece gozar con esa imagen de golpeador de barrio, de pandillero de andurrial, más que de jefe del ejecutivo…

Esperemos que por el bien de todos pronto se anuncie la salida de Arratia Cruz y en su lugar sea nombrado un funcionario que defienda al pueblo de Nuevo León, y no a Samuel y su papá.

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