Por Francisco Villarreal

Es un poco raro ver a Hellen Mirren interpretando a Próspero en La Tempestad. Sí se me dislocan las entendederas cuando intento empatar a tamaño mujerón con el hombre real que probablemente usó el Bardo de Avon para construir ese personaje. A menos, claro, que John Dee sin barba y depilado estratégicamente se viera igual de… ¿guapa? Porque Mistress Mirren sigue siendo adorable. En cambio, Dee no luciría ni enmarcado en su enorme y legendaria biblioteca. Tamaño compendio de sabiduría no le debió redituar mucho a la sensatez. Eso de comprar un espejo azteca de obsidiana para comunicarse con los ángeles no abona a su cordura. Hasta un charlatán oriental le diría que basta cualquier tepalcate pulido o engrasar una mano para hacer un espejo “mágico”. No hay ángeles ahí, sino nuestro rostro distorsionándose. Si observamos con atención nos reconoceremos, y podremos deducir lo que se nos pegue la gana. La cubeta que usamos ahora para bañarnos a jicarazos funcionaría perfectamente… si es que juntamos agua.

La reina Isabel I tuvo como asesor muy cercano a John Dee. Eso de hablar con los ángeles le daba mucho estatus. Todos podríamos hablar con los ángeles, pero sin el espejo de obsidiana de Dee y sin subtítulos, está difícil establecer un diálogo que no se oiga como el galimatías de la señora que habla con los extraterrestres. Si John Dee tuvo aciertos al aconsejar a Isabel, no creo que fuera por obra de los ángeles. El espejo mágico de un gobernante no puede ser otro que el pueblo que gobierna. Dee debió esconder entre las salmodias angélicas, el “uebos auemos” (tenemos necesidad) de la gente común. Muy conveniente en una época en la que la distancia entre gobernantes y gobernados era radical y estricta… ¡Qué casualidad!, ¿verdad?

El despliegue frenético de alcaldes, diputados y gobernador acarreando agua, creo que hasta en botecitos de yogurt, parece que intenta acortar distancias, volverse hacia el espejo mágico popular. Espero que aprovechen el baño (seco) de pueblo para reconocer ese rostro, porque es el rostro que han modelado en sus funciones como gobierno. No es un rostro agradable. Es más bien feo, lleno de cicatrices y eczemas. Pero el rostro es otro espejo, también expone el ánimo y el ánima. No se muevan a engaño admirándose en medios y tictoks. Ni el jolgorio estridente del Machaca Fest calma los hervores profundos del caldero social… un rencor vivo, como en Comala.

Recién veía una encerrona pública en TV de algunos diputados locales y Raúl Gracia Guzmán hablando, casi al unísono, del enfrentamiento entre el gobierno estatal y el congreso.  “¡División de poderes!”, alcancé a oír en el ameno coloquio del grupo dividido en dos facciones. Yo sólo percibí una defensa a ultranza de la división del PODER. Más de uno de los ahí representantes de partidos, eran y son impresentables. Una discusión inútil, porque la única solución a esa pugna es un acuerdo, y entre partidos todo se limita a ceder y conceder entre ellos. De ese enfrentamiento concluyo que ambas facciones tienen razón en una sola cosa: la otra facción está equivocada.

Dentro de su insensatez, John Dee era más sensato confiando en un espejo de piedra. El reflejo que dan los medios y redes sobre un funcionario es más confuso que el lenguaje angélico. Pero insisten en autodefinirse por esa imagen que ellos mismos procuran inducir. El colmo de este narcicismo político es el gobernador García. Si bien se ha mesurado un poco más en redes sociales, y ha reforzado publicidad en medios convencionales, nunca va a privarnos de un buen dislate. “No mandan una chingada despensa”, se queja contra los estados de la federación. Y para que no haya duda dijo: “No los ocupamos, porque aquí sí sacamos debajo de las piedras el agua, el dinero y el orgullo. No ocupamos a nadie los nuevoleoneses”. No es la primera vez que veo ese discurso. Ya era viejo en redes sociales. En ninguna de esas publicaciones se pedía, sólo se quejaban de la ausencia de apoyo. Pero el mensaje del joven Samuel es un “uebos auemos” no lastimero ni orgulloso sino soberbio. Ya armó un sanquintín con las mafias políticas locales, ahora nos enfrenta con el resto de la federación. Los nuevoleoneses no necesitamos una “chingada despensa”, necesitamos muchas; y en el mismo caso están otros estados de la república. Tampoco necesitamos sólo agua. Necesitamos transporte barato y eficiente, seguridad, salud, educación, cultura… Necesitamos honradez oficial, información puntual y eficiencia administrativa. No necesitamos que nos monten en pleitos que no son nuestros. Si el joven gobernador desprecia al sur de México, es muy su cuento. Pero que no use una crisis tan grave como la que pasamos para intentar aislarnos de los demás estados y fomentar una idea de que somos excepcionales. No lo somos. Somos privilegiados en algunas cosas, pero pagamos muy caro esos privilegios… Y esta sequía nos lo demuestra. ¿Qué sigue después de esta torpe confrontación? Pues supongo que reivindicar sus sueños de separatismo fiscal, y hasta político si somos tan estúpidos para montarnos en ese tren. A ver si un día de estos no amanezco texano.

Soy nuevoleonés y norestense por todos lados. Estoy de acuerdo en que somos orgullosos, pero no soberbios. Esto último se lo inventaron hace poco, porque el orgullo nace de lo que se logra no de lo que se carece. Pero si hay alguna soberbia rebelde en mis huesos reineros, la dejo a un lado y que me diga el joven Samuel debajo de qué piedra saco agua y dinero, y con gusto me sumo al esfuerzo, no a las quejas.