Por Francisco Tijerina Elguezabal

‘A veces sucede así en la vida: cuando son los caballos los que han trabajado, es el cochero el que recibe la propina.’ // Dame Daphne du Maurier

Más allá de saltarse a la brava las reglas de la “Presea al Mérito Cívico Nuevo León” para otorgárselas a sus cuates, llama la atención la facilidad con la que el tres veces Doctor en Derecho Samuel García Sepúlveda, Gobernador de Nuevo León, se conduce como titular del Poder Ejecutivo del Estado.

Y es que sería comprensible que Juan Vargas, el alcalde de San Pedro de los Saguaros, torciese las reglas para imponer su capricho a mediados del siglo pasado como en “La Ley de Herodes”, pero no en el Nuevo León del Siglo XXI y mucho menos en un gobierno en el que se pretende desterrar a la “vieja política”, la misma que hacía esa clase de acciones.

De verdad, ¿qué mérito pueden tener Alma Rosa Marroquín, Aldo Fasci o Juan Ignacio Barragán para ser premiados? ¿Cuáles han sido sus logros de verdad como funcionarios públicos? ¿Van a recibir una presea por su desempeño durante los primeros tres meses de su actuación?

El asunto termina siendo una afrenta para quienes han recibido con anterioridad esta distinción y más contra quienes este año han sido designados por el comité de elección, ya que equipara carreras y logros de estos funcionarios públicos con las de quienes de verdad son un ejemplo para nuestra sociedad.

Así como aquel gobernante que preguntaba a sus colaboradores “¿qué horas son?” esperando que le respondiesen: “las que usted diga, jefe”, recuerdo la historia de un mando policiaco que al circular por las calles de Monterrey ordenaba a su chofer y escoltas que le acompañan que subiesen las ventanillas del auto para, acto seguido, soltar una olorosa flatulencia y preguntarles, “¿Qué?” a lo que solícitos respondían: “¡Que bonito huelen sus pedos jefe!”.

¿De verdad no hay nadie en el gobierno que pueda decirle al Gobernador que no debe imponer su capricho por encima de la ley y el orden? ¿Debemos dar por fidedignas las historias que se cuentan acerca de que quienes se atreven a dar la contra a Samuel o su esposa son cesados fulminantemente sin consideraciones o escuchar razones?

Al margen de que les otorguen o no el reconocimiento, Alma Rosa, Aldo y Juan Ignacio deberían renunciar a él y abstenerse de participar en un acto así, por respeto a la moral, a la ética, a las instituciones, a los verdaderamente merecedores, pero sobre todo por respeto al pueblo de Nuevo León.

Recibir la presea los hará partícipes de una afrenta que a la postre demeritará el que se supone es el más alto honor que puede tener un ciudadano de nuestra entidad. Ojalá se lo piensen dos veces antes de aceptar.