Por Carlos Chavarría

El problema de la sequía que padecemos está inscrito dentro de un problema global llamado cambio climático causado por la explotación de los recursos naturales y la emisión de desechos más allá de la capacidad regenerativa y de asimilación de la ecósfera.

Existe suficiente información y ciencia en forma de reportes emitidos por el Panel Intergubernamental de Expertos en Cambio Climático (IPCC) para no tener que andar inventando ni vernos sometidos a escenarios de desastre en materia de agua [https://www.ipcc.ch/site/assets/uploads/2018/02/WGIIAR5-Chap3_FINAL.pdf].

El IPCC ha sido la fuente de datos e investigación en la que se han sustentado los acuerdos firmados por los países como México para luchar contra esta amenaza [https://unfccc.int/es/kyoto_protocol].

También existen fuentes de información locales que son útiles para medir el tamaño y causas del problema que enfrentamos, estas fuentes no deben despreciadas por razones políticas que no suman valor a los propósitos buscados [http://famm.mx/wp-content/uploads/2018/10/Plan-H%C3%ADdrico-NL-2050.pdf].

Como estaba previsto, el gobierno federal tomo el control no solo del abasto de agua sino de la administración del órgano estatal para la distribución de la misma y así al menos estabilizar el suministro haciendo a un lado el protagonismo inútil del gobernador y su equipo.

Pero el problema del agua  está lejos de ser resuelto y menos se resolverá si nada más se ve un lado del asunto, como es el aumentar el suministro, dejando para un después que nunca llega, el estudiar y reformar nuestros modos humanos de hacer la vida y de nuestra relación con el entorno planetario.

La sequía que se padece en muchas zonas del planeta nos aleja de la idea de un entorno estable, cíclico y predecible, que ya no es sino una vaga aproximación del mundo real, en que tendremos que encontrar otra forma de acomodarnos para sobrevivir y si es posible prosperar.

Si la ciencia nos enseña que el universo está en creación y cambio continuo, donde siempre existen nuevas posibilidades, sean o no favorables, esa realidad probada nos muestra que el sistema natural siempre está aprendiendo tal y así debemos hacerlo nosotros.

En un universo integrado por sistemas complejos debemos prepararnos para lo único cierto, el cambio continuo. Cualquier perturbación o intento deliberado por modificar una variable producirá un efecto en la esfera de algún otro sistema.

En este momento podemos hacer como todo regresara a la normalidad, aquí estamos una masa de personas que requieren agua y un gobierno que están trabajando para traerla de donde y como sea, pues para eso es el modelo de gobernanza y lógica social dentro del que vivimos, pero no es la solución para el futuro que ya se nos vino encima.

Como muchos otros recursos naturales la cantidad de agua dulce disponible es finita y en nuestro modelo de vida económico liberal que enfatiza el consumo de cosas como único motor del bienestar, esa restricción, en este caso del líquido, no esta incrustada como variable para dirigir las preferencias de consumo y en consecuencia ningún precio involucra los costos de oportunidad a los que sometemos a la naturaleza, así como las pérdidas de bienestar por asumir premisas acerca del mundo que son falsas.

Así es como opera la gobernanza, al dejar trabajar al mercado sin restricciones, este acaba por diseñar la conducta entera y los valores de las personas. Pensamos en un mundo sin limitaciones a disposición del mercado y nuestros aparatos de gobernanza no saben operar de otra manera.

La marca Nuevo León es una muy atractiva pero no es sostenible por los recursos naturales que nos rodean, si fuésemos un país tendríamos que importarlo casi todo y esa circunstancia es un motor formidable para crecer pero nada dice acerca de un mundo donde el rendimiento de lo natural debe estar dentro de la ecuación para el éxito.

No se trata solo de subir las tarifas de los servicios públicos pues estamos frente a un elemento cuyo consumo es irrenunciable, o de hacer llamados a moderar el uso de los recursos,  sino de una reingeniería completa de nuestras ciudades y modo de vida, que solo se logrará con instrumentos de política pública que no están implantados y que deben ser coherentes entre sí para conseguir una economía estable, de crecimiento sostenible y que produzca un bienestar neto positivo.

Hoy es del todo prioritario empezar un nuevo diseño de los modelos de gobierno en función de la viabilidad para la vida a mediano plazo, esos modelos deben inducir una nueva cultura tan desacoplada de lo material como sea posible y concentrarnos mas en el bienestar genuino.