Por Carlos Chavarría

Es una lástima que estemos perdiendo tanto tiempo en contemplar cómo es que cada vez nuestros políticos y sobre todo el gobierno federal se desalinea de los problemas y de las prioridades que estamos enfrentando.

El nuevo oficialismo busca como única prioridad consolidar su posición electoral en el proceso de 2024 y por esa desviación de su concentración están complicándose cada vez más los asuntos de economía, costo de vida, deuda nacional, energía, relaciones internacionales, salud, seguridad y paz interior, etc.

Aunque sabemos que seis años no son suficientes para cualquier administración para atajar todos los frentes de déficit de resultados, menos lo serán cuando se quiere forzar una agenda que nada tiene que ver con lo problemas.

Se desmanteló la administración pública no solo en términos económicos, para completar las cuentas del nuevo “gasto social”, sino que se trató de improvisar el talento y la experiencia, lo cual es un despropósito que ha dejado sin energía ejecutiva muchos asuntos, el más notorio es la violencia que tan descaradamente reta al Estado entero y ninguno de los tres niveles de gobierno acierta a empezar alguna acción para contenerlos.

Vivimos bajo un estado penal que solo aplica las leyes a los buenos ciudadanos pero el que participa en tumulto se le aplica la tesis de un estado social que no existe sino el mente del Presidente.

Los especialistas en economía nacionales y del extranjero coinciden en que aún no se toca fondo en el tema de inflación y las deficiencias de oferta, en tanto en nuestro país se continua el gobierno como si no estuviéramos en el centro de una enorme tormenta y sin reservas para hacerle frente.

La mitad del país se encuentra en condición de sequía y veremos el próximo año cómo nuestra producción de alimentos y la del mundo se verá reducida dando otro impulso adicional a la inflación donde más duele, el estómago.

Se le meterán otros 6,500 millones de dólares a la refinería en Dos Bocas y estamos por empezar un pleito por causa de la contra reforma energética con el mejor socio comercial de México del que fluye la mayor cantidad de dólares disponibles y de los financiamientos que apuntalan todo.

El país sigue sin crecer y poco a poco se acumula el desempleo, y si usamos la lógica de la Presidencia le damos más carne de cañón al crimen organizado. Las empresas están ahí haciendo como que trabajan en un mercado nacional cada vez más pequeño y no hay poder humano para mover el timón en ninguna dirección yendo de frente al torbellino del 2023, pensando solo en el 2024. Temerario.

La oposición continua pasmada con su agenda defensiva para mantenerse vivos en 2024 a sabiendas que los rostros a la vista nada tienen para ofrecer que los empuje aunque sea un poco fuera del descredito que su propia historia los ha sumido.

Cuando más relevante es mantener la unidad en la sociedad más se empeña nuestro gobierno es sembrar la discordia como estrategia central de su gestión. Mala cosa frente a un horizonte de crisis.