Por Carlos Chavarría

Por más que lo intentamos, no sabemos asociarnos, los mexicanos somos desconfiados por naturaleza y la política no es la excepción. La historia de la política mexicana —que es la historia de México— es una cadena de traiciones y en consecuencia, de proyectos incompletos. Por causa de la política somos un país inacabado.

Todo este revuelo que se armó desde el Gobierno de la República; al aceptar lo sabido: la imposibilidad de corto plazo de algún éxito de la estrategia de seguridad, para acabar regresando la parte activa a las fuerzas armadas, exhibió de pasada que las alianzas políticas basadas en amores forzados siempre habrán de terminar en traiciones.

El problema no es la Guardia Nacional, ni quién será el que la dirija, tampoco el bandazo en la lógica y discurso presidencial, que ya es bastante común, el problema es que los criminales ahora tienen más capacidad de gestionar sus diferencias y se aglutinan cada vez mejor en torno a su proyecto de control territorial, mientras las fuerzas armadas continúan buscando un modo de entrarle a la seguridad interior sin autodestruirse; más con tan malos aliados como la mayoría de las corporaciones de policía que parecen enanitos frente al crimen organizado.

El propio Secretario de Gobernación, Adán López lo expresó muy en concreto: sin unidad no hay nación, no hay país; y hoy por hoy, el signo de la estrategia de gobierno del Presidente es la polarización y desunión social. Pero, a saber, qué unidad puede promover un personaje de la calaña de Alejandro Moreno?.

La desfachatez del Presidente del PRI, Alejandro Moreno, muestra por sí sola la pobre capacidad de todos los partidos para operar políticamente cuando no están en el poder. No son mas que “Clubes de Tobi” sometidos a la voluntad de unos cuantos burócratas partidistas de turno que sólo cuidan su juego personal y el de sus cuates.

La poca madurez de todos los “Alitos” no es sino el reflejo de un andamiaje diseñado para otras circunstancias y construido para que operara alrededor del presidencialismo. Los partidos, así como están, no sirven siquiera para ganar elecciones, sino como agencias de colocaciones para personas que no les interesa servir a la nación.

Ahora son otros tiempos, con una sociedad más incisiva y educada, que a fuerza de palos y decepciones ya comprendió que las promesas no son mas que atole con el dedo. Los partidos políticos no pueden ser cuevas protectores de rufianes.

Con una sociedad que participa y se informa es un buen momento de dar el salto que se espera hacia una verdadera democracia deliberativa donde los partidos aglutinan en razón de su representación ideológica el poder de la negociación y acuerdo que es la base de la operación política.

Todos los partidos, al menos en honor de su historia y de su desempeño deben buscar entre sus cuadros a gente comprometida y sin esqueletos escondidos que los hagan vulnerables a las presiones del poder, y no mostrar a  un grupo reducido y sempiterno de los mismos personajes que se intercambian vestimentas según el color de moda así como programas de acción sostenidos en ideológicas en realidad vacías.