Por Félix Cortés Camarillo

Malo es que en una controversia no se le conceda oportunidad al diálogo para llegar a la más elemental de las concesiones sociales: escuchar al otro. Peor es cuando cualquier discusión se convierte en un diálogo de sordos, especialmente cuando son sordos por voluntad propia y obcecada.

La principal discusión que embarga hoy a la sociedad mexicana es la de la inseguridad que domina nuestra vida a nivel nacional. A mayor abundamiento, la manera en que esa inseguridad debe ser contenida, y dentro de lo posible eliminada. Pues esta discusión se ha convertido, o la han convertido, precisamente en una conversación múltiple de numerosos sordos.

La pregunta central ha sido reducida a lo que parece una gran simpleza: ¿deben los soldados hacerse cargo de la seguridad ciudadana al través de un ente de nuevo cuño que se llama Guardia Nacional? La pregunta es tonta porque la Guardia Nacional ya existe y desde hace un buen rato anda del brazo y por la calle en función de policías de todo tipo y sus integrantes son principalmente soldados. Siendo así, la controversia se muda entonces a la pregunta de si esa Guardia Nacional debe de operar hasta el año 2024 o alargar su período operacional hasta el 2028. La propuesta inmediata y expresa es pasar la mencionada guardia permanentemente -como si hubiera algo permanente en nuestro México lindo y querido- al organigrama formal, administrativo, de inventario y de comando a la Secretaría de la Defensa Nacional, bajo cuya férula ya se encuentra.

Finalmente, y desde Palacio Nacional se anuncia la realización de un plebiscito que no se llamará consulta porque doña Constitución se molestaría  y no la realizaría el INE, de todas las desconfianzas del presidente López.De manera que, como todas sus consultas populares, no servirá más que para ratificar de qué lado masca la iguana o, como dicen los gringos wich pigskins make bigger noise, o sea cual chicharrón truena más.

En toda esa maraña de dimes y diretes jalones de cobijas y máscaras al suelo quedan al descubierto lo que ya conocíamos del funesto pasado: las extorsiones, las compras de votos y voluntades, las declaraciones de humor involuntario y el intercambio de huesos por votos. Para que quede muy claro que todos los políticos tienen una cola que les pisen y un lado que no quieren que salga a la vista. En la más pura tradición priísta.

Los más cínicos de este griterío que nadie escucha alteran desde el poder la pregunta y la revuelcan como si fuera un enfrentamiento entre los mexicanos de aman y respetan al Ejército y los que lo repudian y calumnian, como corresponde a los auténticos traidores a la Patria.

Nadie, ni siquiera los seguidores del presidente López, aceptan que si los soldados están en la calle es porque los policías de civil que antes se encargaban hipotéticamente de nuestra protección valieron lo que se le unta al queso. Nadie, ni siquiera los más fieros opositores del sistema admiten que la presencia de los soldados vestidos de policías no han podido hacer que los índices de delincuencia disminuyan. Por el contrario, los hombres de verde olivo son constantemente objeto de agresiones, insultos, vejaciones y otro tipo de provocaciones para obligarlos a hacer uso indebido de sus armas dentro de la política de “abrazos, no balazos”.

Mientras este griterío que nadie escucha ensordece al pueblo, por lo menos la tercera parte del territorio nacional está fuera del control de cualquier fuerza pública: son territorio del crimen, organizado o silvestre. Y no hay salida previsible

PARA LA MAÑANERA (Porque no me dejan entrar sin tapabocas): Entre más cucharas entren a ese puchero en que se convirtió el asunto cumpleañero de Ayotzinapa, el batidillo se hace mayor. Y coma toda erupción cutánea desatendida que se convierte en grano, pústula, llaga y algo mayor, el movimiento organizado de la normal que puso los muertos hace ocho años ya se ha constituido como un factor fuerte de desgobierno, con el beneplácito de YSQ.

‎felixcortescama@gmail.com