Por Félix Cortés Camarillo

Existe en las artes visuales un recurso técnico que originalmente se llamó chroma key, luego popularizado como bluescreen, por el color de la pantalla trasera que se utilizaba. Me explico:

En las escenas de acción, los actores se colocan con un plano telón de fondo de color azul. Más tarde la pared se pintó de verde, pero el principio sigue siendo el mismo. Los ingenieros descubrieron que las cámaras –que registran los colores sobre una base de rojo, azul y verde– podían ser alteradas para hacerlas ciegas de uno de esos colores. De esa forma, la escena grabada carecía de fondo y se le podía agregar posteriormente cualquier ambientación que la historia pedía.

La tecnología se ha ido modernizando y en las películas actuales de espectaculares proezas físicas de los héroes se usa, y abusa, de ella con gran éxito.

Estoy convencido de que el principal logro del presidente López a su llegada al poder ha sido trasladar ese adelanto tecnológico a la vida social y de manera especial a la política. El discurso de López Obrador es cotidianamente polarizador, en el peor de los principios cristianos: el que no está conmigo, está contra mí. No hay medias tintas, para seguir con el color. El presidente López ha sido exitoso; la sociedad mexicana no admite titubeos. O se rechaza a priori cualquier pronunciamiento del gobierno actual o se le celebra ciegamente.

Esta mañana de lunes no es diferente.

Para uno de los polos, el enorme torrente de seres humanos que desde las ocho de la mañana comenzó a congregarse cerca del Ángel para desfilar celebrando los cuatro años de logros de este gobierno, es una ratificación de la aprobación total de los mexicanos hacia la cuarta simulación. Y sus números serán millonarios.

Para el otro, la marcha dominical no fue sino una ratificación onerosa de las prácticas del viejo priísmo del chesco y la torta: acarreados que fueron todos so pena de perder el trabajo, la protección o los mínimos privilegios. Y ni siquiera pudieron llenar el Zócalo, porque los acarreados ya habían cobrado sus dos, tres, quinientos pesos por su presencia y se habían retirado.

Como pasa invariablemente con las polarizaciones del maniqueísmo, y como sucede ser con la técnica óptica a la que me refería arriba, ambas posturas son al mismo tiempo ciertas y falsas. Sí, es verdad: los barberos del presidente convocaron cínicamente a sus sojuzgados para que acudieran bajo todas las amenazas posibles. Pero no es menos cierto que muchos mexicanos acudieron convencidos de que la actual es la mejor de las opciones posibles, hartos de la decepción que tantas administraciones de la cosa pública nos han dejado.

La vida no es en blanco y negro, como lo fueron las primeras películas que muchos vimos. Ni siquiera es en el technicolor, la tercera dimensión en su momento, o cualquiera otra de las opciones de engaño que la tecnología pone a disposición de los creadores. O de los políticos. La vida tiene muchas facetas, y afortunadamente ofrece muchas opciones. 

No hay duda. El presidente López no está solo.

Tampoco estamos todos con él. Recordemos que la verdad, esa luz que presumimos blanca, cuando atraviesa un prisma se descompone en todos los colores del espectro, del infrarrojo al ultravioleta. Debemos asumirlo así. Incluso en Palacio Nacional.  

PARA LA MAÑANERA (Porque no me dejan entrar sin tapabocas): Ya se nos olvidó a los de Nuevo León la fanfarronada de que la crisis hídrica de los próximos diez años estaba resuelta con el arribo del gobernador chiquito. Nos vemos en el próximo estío: el problema del agua en nuestro estado no tiene un portero milagroso que le pare un penalti a Lewandowski.

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