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La caída estrepitosa de Glen Villarreal

El 14 de noviembre del año pasado publiqué en el periódico Milenio el artículo «Glen Villarreal: de maleta y maletas» donde adelantaba su salida de Comunicación Social del gobierno de Samuel Alejandro García Sepúlveda. El ex titular de esa dependencia, después de dos meses del artículo editorial, oficializó su renuncia. También anticipé el ascenso de Julieta López Bautista a la vacante. La salida del ex funcionario coincide con la aprobación del presupuesto de la dependencia que asciende a 360 millones 728 mil 144 pesos, un aumento del 78 por ciento en comparación con el gasto presupuestado en 2022.

Extracto del artículo publicado en Milenio

Si uno visita las redes sociales de Glen, asistirá a un “peterpanismo” acentuado por mitos de caballería, espadas láser, grupos pseudopesados (Metallica) y una retahíla de gustos adolescentes magnificados por torpezas de cultura pop, como su infantil propensión a una imaginación desbordada habitante de un juego de tronos ficticio. Menor es que en sus cuentas oficiales se pronuncie como “ateo, comelibros, liberal clásico, y VR gamer”. Lo significativo para este millennial es “su falta de compromiso laboral”.

Como opositor, siendo Samuel García diputado local y luego senador por Movimiento Ciudadano, Glen fue funcional. Ya en el gobierno del estado muestra sus fisuras, su carencia de compromiso laboral: no se puede manejar desde la embriaguez la comunicación social de una administración pública teniendo como escenario el Ragnarök, un bar “vikingo” de la calle Diego de Montemayor en el centro de Monterrey.

Mientras el gobernador participaba en la COP27 en Egipto, Glen no pudo construir una narrativa de la importancia del evento para blindarlo del alud de críticas en redes sociales y en los medios de comunicación. Clavado en un bar, o en plan de turista, le falló a su jefe.

Millennial al fin y al cabo, por su falta de compromiso laboral los trámites en Comunicación no avanzan; sus cofrades se enriquecen a través de asesorías y empresas fantasma; las redacciones de los medios no lo reciben; carece de coordinación con los jefes editoriales; se rodea de “escuderos” medianamente leales, como José Luis Guerra, el frustrado comunicador de “porno política” y su círculo social se reduce a sus compañeros de videojuegos.

El trastorno psicológico de Glen lo llevó a asistir a su comparecencia en el Congreso local (no recuerdo que en el pasado algún titular de Comunicación hay sido requerido por los diputados) con la insignia de La Mano del Rey (popularizada por la serie «Game of Thrones»), entre los deberes de La Mano destaca manejar el día a día del gobierno del reino.

En fin, ni en el mayor delirio de esta administración, Glen podría funcionar como La Mano, o sí, pero teniendo en cuenta solo sus uñas, esas que lo hacen enriquecerse impunemente con su descarada corrupción.

Para los babyboomers ser un “maleta” significaba ser “una persona que practica con torpeza y desacierto su profesión”. Definición que le cae como anillo al dedo a Glen. Ser un maleta y hacer maletas, no de nuevo a Panamá, sino dejar de ser el titular de Comunicación Social. ¿Quién vendría? Pues lo natural es que asuma el puesto Julieta López Bautista.

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Vía / Autor:

// José Jaime Ruiz

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Autor: stafflostubos
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