Por Félix Cortés Camarillo

El que tenga un amor
Que lo cuide, que lo cuide…

Rodolfo Sciammarella, Salud, Dinero y Amor, 1941

Debo decir de entrada que como ser humano le deseo a Alejandro Gertz Manero pronto restablecimiento y larga vida. Después de todo, él es el encargado de procurar justicia para todos los mexicanos.

Después de multitud de mensajes diferentes en las redes llamadas sociales en las últimas semanas, se hizo por fin la luz oficial sobre la salud del Fiscal General de la República: está vivo, en su casa de la Ciudad de México, convaleciente de una seria intervención quirúrgica que le fue practicada en el extranjero. Se está recuperando, al grado de que ya trabaja desde su casa en sus obligaciones.

Qué bueno oírlo. Lo anterior fue entonado ayer por el presidente López en su oratorio matutino. Un oratorio, digo de paso, es una pieza musical que incluye solista, coro, orquesta y personajes especiales de ocasión; no hay mejor definición de la mañanera.

El problema es si creerle o no al presidente López, y yo me inclino por lo segundo. Me explico:

Independientemente de que en diversos temas el presidente ha echado mentiras en miles de veces sobre decenas de temas, actos y personas, y eso se puede documentar, el caso de Herz Manero –que así debe escribirse- ha sido objeto de una manipulación singularmente puerca. La desaparición virtual del Fiscal cumplió más de un mes con la fiscalía y todo el considerable aparato de comunicación formal y en redes del gobierno callados como momias.

En el encuentro norteamericano que se dio en nuestro país a comienzos de enero hubo una reunión bilateral México-Estados Unidos, con la presencia de distinguidos miembros de ambos gabinetes. En el equipo norteamericano estuvo el fiscal general de los Estados Unidos, Merrick Garland; en la defensa no estuvo Alejandro. Cuando se le preguntó al carnal Marcelo, Secretario de Relaciones Exteriores, dijo que a nuestro fiscal le había llegado tarde la invitación y que compromisos previamente adquiridos no le permitió ahí en Palacio Nacional. Si Chucha. Mintió.

No se dijo nada más hasta ayer cuando un aluvión de mensajitos breves en las redes, notoria y estúpidamente celebrando una desgracia ajena so pretexto de los pecados del protagonista, obligó a Lopitos a confesar su realidad.

Todo el asunto no es menor. Pone al descubierto muchos marros de la administración, que indefectiblemente conducen al rumor y la especulación ante la carencia de datos válidos. En primer lugar, el estado de salud de nuestros gobernantes.

Nunca hemos sabido con certeza y al detalle qué males aquejan al presidente del país, a qué tratamientos o intervenciones se somete o qué medicamentos toma. Lo que en muchos países es información abierta, en México adquiere la categoría de Secreto de Estado o –por decreto presidencial- asunto que afecta a la Seguridad Nacional, por lo tanto intocable.

En segundo lugar, la mentira genial de que sólo se atienden sus enfermedades fuera de México los fifís, los rotos, los neoliberales, los corruptos, los mañosos, los malos de Malolandia, y otros de su ralea. Don Alejandro se atendió y fue operado en los Estados Unidos. Qué bueno que tiene los medios para ello.

Tercero: la estructura piramidal del gobierno mexicano, una añeja realidad que sobrevive triunfante pese a los lentos avances del desarrollo democrático del país. En la cúspide hay uno; abajo hay una capa estrecha y así se va ampliando la estructura del poder sin que se pueda modificar la voluntad del de arriba. La autonomía, llámese de la Fiscalía, del Conacyt o de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, es una falacia. La del INE sigue en peligro.

Finalmente, y eso es lo más importante, la credibilidad de nuestro gobierno. Para los mexicanos, saber cuándo nos mienten y cuándo nos dicen verdad, todos. del presidente para abajo, es misión imposible. Y eso es muy grave para la salud de un gobierno que en eso quiere parecerse a Dinamarca.

PARA LA MAÑANERA (Porque no me dejan entrar sin tapabocas): Hay un motivo claro para obligar a las aerolíneas a mudar sus operaciones de carga al aeropuerto Felipe Ángeles: el fracaso de esa terminal. Hay por lo menos media docena de razones para oponerse a esa imposición. La ubicación, bastante alejada del destino final de las mercancías que se transportan, que es la Ciudad de México principalmente; la conectividad, que sigue siendo una asignatura pendiente; la falta de infraestructura real de recepción, procesamiento, almacenaje breve con cámaras refrigeradas inclusive de la carga; las instalaciones fiscales para atender el volumen que sea, para comenzar. Finamente, la razón principal de la oposición: no se puede gobernar a un país democrático a partir de decretos como el que quiere llevar agua al molino del AIFA. Tampoco por medio de “consultas populares” como nos quieren hacer creer. La base de un buen gobierno tiene que ser la inteligencia y la razón, la búsqueda del bien común, y la apertura a las ideas disidentes.

‎felixcortescama@gmail.com