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Por Francisco Tijerina Elguezabal

“El mundo exige resultados. No le cuentes a
otros tus dolores del parto. Muéstrales al niño”
Indira Gandhi

Aritmética básica, de esa que te enseñan en primero de primaria después de las primeras letras, suma y resta, nada de complicarse con multiplicaciones y divisiones.

Así se puede delinear la estrategia que el Gobierno de Nuevo León tiene en cuanto al transporte público de pasajeros y por más que intento las cuentas no me dan.

Con un ambicioso proyecto, “el mejor del mundo mundial” como de costumbre, se anunció la renovación de la flotilla de unidades del transporte urbano y hasta el momento las promesas de llegada de los nuevos camiones no se cumplen.

Y a cada incumplimiento una explicación y una nueva postergación. Patean el bote, pero en la calle la realidad se empecina en demostrar que siguen fallando.

Los números no son nuestros, fueron los funcionarios del actual gobierno los que los pusieron en la mesa, pero además resulta evidente que existe un déficit de unidades que provoca largas filas de desesperados pasajeros todos los días.

No es su culpa, así les heredaron el problema y la reducción de camiones es una circunstancia de una política absurda de no autorizar el incremento en las tarifas en un círculo vicioso que ni autoridades ni transportistas se animan a romper.

Lo más extraño es que siguen prometiendo que para noviembre próximo se tendrán mil 800 camiones nuevos. ¿Son los suficientes como para dotar al área metropolitana de Monterrey de un transporte de calidad?

¿Por qué creer si en sus números originales deberíamos contar hoy con mil 200 nuevos camiones y no han podido completar ni la mitad?

Además les falta rumbo, estrategia y “timing” para hacer sus anuncios, mismos que no tienen otro origen más que el buscar sacudirse la culpa del retraso en la puesta en operación de los muy prometidos camiones.

Así, el día que entregan 20 y con más de mil 200 pendientes, se avientan la puntada de dar a conocer que en breve retirarán de la circulación 660 unidades por haber concluido su vigencia; esto, en sumas y restas, significa que un tercio de los nuevos camiones suplirán a los ya existentes, por lo que el incremento en el parque vehicular será en menos de mil 200 unidades. ¿Podrán mejorar con eso?

Claro que para “justificar” su inacción también son buenos, porque atribuyen los choques y accidentes a los camiones chatarra que circulan por nuestras calles. Pero no hablan de los empalmes de rutas, de la nula supervisión de choferes y de la manera en que conducen los intocables operadores y mucho más intocables dueños de unidades.

Podrán decir misa, pero los números no cuadran en lo básico para cumplir la demanda. Ya no entremos en el tema del pago por kilómetro y esos rollos, porque seguro van a terminar mil veces peor.

Sumas y restas, así de fácil.

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// Francisco Tijerina Elguezabal

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Autor: lostubos
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