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Dadas las circunstancias actuales…

Por José Francisco Villarreal

Dadas las circunstancias actuales, el viernes pasado dejé pasar los avances noticiosos en donde se advertía que Azucena Uresti, conductora del noticiero “Azucena a las 10″ en Milenio TV, había renunciado o, según algunos oficialistas “la habían renunciado”. Entre otras “circunstancias actuales”, ya llevamos más de seis años viendo cómo se inundan los medios con información falsa, o medio falsa, o verdadera que parece falsa. Para no dar un traspié, seguí viendo en internet un vlog de chistes y esperé a que fuera la propia fuente, Azucena, la que confirmara o desmintiera. Eso sí, con las debidas reservas, porque dadas las circunstancias actuales del periodismo, hasta las mismísimas fuentes pueden emitir o inducir “fake news”. Y no me equivoqué. Como no compito por las exclusivas, dejé el caso para otro día y seguí con el vlog, riendo a gusto con las estupideces ajenas. Después de todo siempre es satisfactorio comprobar que hay gente más estúpida que uno mismo.

Dadas las circunstancias actuales del sábado pasado, fue hasta después de mediodía cuando vi publicada la despedida de Azucena, breve y sentida, pero no inocua. La nota era la confirmación de su salida de Milenio TV, lo demás fueron algunos autoelogios con pinceladas de la primera persona del plural y otras tantas críticas al régimen: un “De profundis” churrigueresco.

El mensaje era bastante convencional, cualquiera lo hubiera escrito, excepto que Uresti no es cualquiera, es una comunicadora con experiencia. Aunque hable mucho y muy coherente, la base de un comunicador no es la expresión oral sino la escrita.

Así que no me sorprendió que justo al iniciar el período de “intercampañas” esa despedida desatara la tormenta de acusaciones contra el gobierno federal por la presunta exigencia de “correr” a Azucena Uresti de Milenio TV. Dadas las circunstancias actuales de esa presunción, quiero suponer que, así como se exigiría su despido, no se exigiría su contratación en otro medio. Los exaltados acusadores no dijeron nada de esto. Ni la propia Azucena comentó, ni siquiera sugirió, que sus “circunstancias actuales” estaban en otro medio de comunicación.

Esto no es novedoso. Dadas las circunstancias actuales de la salida de Uresti de Multimedios TV, se difundió una exhaustiva lista de periodistas que también han sido despedidos de un medio por la presunta exigencia del gobierno federal y, más especialmente, del presidente López. Aunque no conozco a algunos de los indiciados, algunos de ellos no parecen muy “censurados”, más bien cayeron como gatos en otros medios, de pie y bien parados. Ninguno de estos, que yo sepa, desfallece en la indigencia por falta de trabajo, y los que se han autoexiliarse lo han hecho por conveniencia no por persecución.

No serían ni de cerca el caso de José Gutiérrez Vivó, que tuvo que pedir asilo en Estados Unidos por presiones de los expresidentes Fox y Calderón.

Los panistas suelen ser torpes a la hora de ejercer la censura; los priistas podrán ser brutales pero saben cómo ser discretos si es necesario. La lista en cuestión y las acusaciones fueron difundidas con el criterio noticioso de la oportunidad, básico a la hora de jerarquizar información y planear su difusión. Hasta un oso que turistee en la Facultad de Comunicación podría establecer la relación entre los términos de esa renuncia, el inicio del tiempo de “intercampañas” y las frenéticas reacciones, incluso si no se dieran las circunstancias actuales.

Pero dadas las circunstancias actuales, la despedida de Uresti del medio en donde maduró su carrera tiene dos indicadores que no me parecen casuales. Uno: “dadas las circunstancias actuales”, lo que en el contexto de todo el mensaje pareciera referirse al régimen; y otro, la referencia a los que “son silenciados en este país”, que redondea la “sutil” referencia. No lo dice, pero abre la duda de que hubo alguna censura oficial en su contra ostentando su rebeldía contra la “versión oficial”. Esto es una contradicción, porque en todos esos casos no fue censurada.

Los “ataques” de don Andrés contra ella y contra otros medios, periodistas y columnistas no han sido censura sino crítica. Crítica inoportuna algunas veces, desmesurada otras, pero generalmente correctas frente a medios, periodistas y columnistas que no admiten el bozal de la ética, y a veces ni el de la decencia.

Si la información y la opinión periodísticas se emitieran con propiedad y sin sesgos, no hubiera críticas acres de don Andrés sino aclaraciones, correcciones o asunciones de responsabilidad. Si no lo hiciera, hasta los medios oficialistas lo criticarían a él, como incluso ya lo han hecho.

Uresti sí dio cabida a voces variopintas en su espacio, pero eso no es su mérito sino del medio de comunicación. La apertura mediática es una línea vertical, se dicta desde la empresa y no siempre con criterio periodístico o de responsabilidad social. Si Uresti presume apertura, es Multimedios quien lo permite, no ella. Así es que, dadas las circunstancias actuales, dejar correr la tinta sobre una presunta censura oficial, es acusar al medio por ceder, no al régimen por censurar. Mantener el suspense sobre la migración de la conductora a otro medio es mantener el metrónomo coordinando la especulación, cuando el objetivo del periodismo es precisamente no dejar que surja la especulación sobre algún tema, mucho menos uno que interesa a toda la sociedad. Si dejamos volar la imaginación acabaremos culpando a Multimedios por doblegarse ante un régimen, y lanzando “¡vivas!” al medio de comunicación que piadosamente rescata a la pobre periodista censurada. Algo que es muy oportuno para posicionar rápidamente un espacio noticioso, aunque esto es competencia de la mercadotecnia, no de la deontología periodística.

Dadas las circunstancias actuales, toda la tinta que se gastó en garabatos por esta dizque censura, cabe perfectamente en lo que don Andrés llama “nado sincronizado”, en el que se consiguen varios objetivos, uno de ellos, promover a Uresti como titular de un espacio noticioso. Esto último es hasta innecesario, porque ya conocemos a Azucena Uresti y sabemos de su capacidad para asumir este tipo de responsabilidades. No habrá más diferencia que la línea editorial del otro medio; por lo demás, todos verán a la Azucena Uresti que ya conocen. En lo personal, y a pesar de su enfrentamiento con el régimen, creo que Uresti es bastante inteligente para ejercer sus juicios y prejuicios, no como otros personajes tan deleznables como Loret, Brozo, López-Dóriga, Dresser, y otros depredadores del periodismo.

Dadas las circunstancias actuales donde hay trascendidos que son notas y notas que son trascendidos, este domingo, como era de esperarse, “trasciende” la migración de Uresti a otro medio. Pero a pesar de eso, por lo menos hasta ahora sólo he visto una enmienda de los furiosos defensores de la periodista. El autoexiliado y otrora censor expresidente Calderón aclaró su equivoco pero no se disculpó, al contrario, se solidarizó con ella y con otros periodistas según él “agredidos” por el régimen y que, hasta este momento, siguen diciendo lo que se les pega la gana, cuando se les pega la gana, y donde los dejan, algo que durante muchos años ni se permitieron ni les permitieron. Dadas las circunstancias actuales es muy curiosa la censura en esta dictadura. ¿Cómo debería llamarse a una “línea editorial”? ¿Censura, autocensura, acuerdo o estrategia? Aunque para mí, en las circunstancias actuales, el caso de Uresti no es de censura sino de trashumancia.

PD. Sabe Dios por qué ahora no me puedo quitar de la cabeza aquel sabroso sonecito de Tierra Caliente, “Que te vas, te vas”… Será que se siente menos el frío si se lavan las vasijas en una noche húmeda e invernal entonando aquello de: “Avísamelo nomás, siquiera para saber. No me vayas a engañar y te quieras devolver. Si allá te dan más, pues que te lo den. Tú descansarás, pero yo también”. ¡Hasta se le mueven a uno los pies!

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// José Francisco Villarreal

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Autor: stafflostubos
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