Por Francisco Tijerina Elguezabal

“El miedo puede llevar a los hombres a cualquier extremo.” // George Bernard Shaw

Los avicultores y restauranteros deberían ser los más preocupados en agilizar y esclarecer el motivo real de la muerte de dos niños en Escobedo hace unos días y que presuntamente fallecieron por ingerir pollo en mal estado.

La Fiscalía General de Justicia dio a conocer que aún tardará unos días en concluir los estudios periciales de este triste caso para poder deslindar responsabilidades, sin embargo el daño que está provocando a toda una industria termina siendo incalculable.

Porque con la ola de calor que se vive en la zona metropolitana de Monterrey, muchos han optado por modificar sus hábitos alimenticios en los días recientes, dejando de adquirir pollo por temor a que se encuentre echado a perder.

Es cierto que teníamos muchos años sin que se diese un caso similar, pero contra la psicosis y el miedo colectivo nada se puede hacer.

Siendo el pollo una de las opciones económicas para conformar un menú, el hecho de descartarlo por temor afecta a las familias y a toda una industria que se mueve alrededor de su explotación.

Menos abona al tema la triste coincidencia del nombre del establecimiento (Pollo “Matón”) y su tímido intento de realizar una campaña de “control de daños” que evidentemente no ha servido de nada.

Las heridas terminarán sanando y dentro de poco tiempo la confianza volverá a los consumidores. Estoy cierto que de la lección no aprenderemos y dentro de poco nadie recordará que dos inocentes murieron, con todo y la psicosis que hoy se cargan y por la que le andan sacando la vuelta al pollo.