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El Riesgo Moral y el futuro

Por Carlos Chavarría Garza

Qué bochornoso espectáculo, el corralito que le hicieron a Zelensky, Presidente de Ucrania, en la invitación a la Casa Blanca de los EEUU. No fue sino uno más de los desplantes a los que ya nos tiene acostumbrados el Presidente Trump. Nada es nuevo, solo los actores, desde siempre el poder ha doblegado voluntades y los EEUU son bastante experimentados en esos afanes.

El poder trasciende las esferas gubernamentales; el riesgo moral, una constante. Este concepto describe una situación donde una parte, amparada en la asimetría informativa, se permite (Trump) conductas arriesgadas, sabiendo que la otra parte asumirá las consecuencias. La decisión, pues, nace de la disparidad de información. Zelensky fue acorralado y no lo entendió.

En los años previos a la crisis de las hipotecas “sub-prime” en el 2008, las administradoras de inversiones de capital en mercados financieros no regulados, conocidos como OTC (Over The Counter) sabían que al no revelar la mezcla que hacían de  activos tóxicos o sin valor, con una muy alta sensibilidad a determinada variable real (p.ej. valor de las viviendas), con los de grado AAA, estaban exponiendo no solo sus jugosas comisiones sino la estabilidad del sistema financiero global.

Con el cambio de administración en los EEUU han ocurrido cambios muy significativos tanto en su política exterior como interior. Esos cambios retan el orden mundial  prevaleciente desde el fin de la Segunda Guerra mundial, diseñado e impulsado por esa misma nación, exponiendo al mundo humano a tensiones e incertidumbres sobre la economía y la geopolítica con altas probabilidades de conflictos de todo tipo.

En Nuevo León, estado pujante y de gran crecimiento pero con políticas públicas anacrónicas se toma la decisión de cancelar las alertas ambientales habida cuenta del atraso tecnológico de los equipos que disponen y son encargados de la medición de dicho fenómeno.

¿Qué tienen en común los tres asuntos descritos en párrafos anteriores?. Lo primero es que muestran un total desprecio por las externalidades causadas que irán en detrimento del bien común. En segundo término, en los tres casos, agentes sociales diversos persiguen beneficios privados sin que exista forma de que asuman las consecuencias derivadas de sus determinaciones una vez que los costos alcancen a todos los ciudadanos pasivos.

Por último, no existe un marco legal o regulatorio que cubra, impida u obligue a incluir en los procesos de las decisiones de los agentes activos todos los considerandos relativos a la distribución de costos y beneficios involucrados, y que además se transparente la información sobre los mismos, dejando a las sociedades inermes ante la gran capacidad de los lideres situacionales para asumir riesgos morales que afectaran a generaciones enteras hacia el futuro.

No es cuestión de vacíos filosóficos o éticos, tampoco es un dilema lógico, en política, la libertad convertida en acciones ni siquiera considera la administración de la moralidad como algo de que preocuparse, pues se asume sin pudor alguno, que ya tendrán que adaptarse los sujetos pasivos ante lo que venga.

El riesgo moral es necesariamente un asunto de ética situacional que hoy a nadie parece importar.

No hay vuelta de hoja. En el significado normativo, el adjetivo moral significa valor positivo, e inmoral significa valor negativo (antivalor) de los actos humanos (decisiones o acciones). Se refiere al valor moral positivo de las decisiones moralmente buenas o las acciones moralmente correctas; inmoral designa las decisiones moralmente malas y las acciones moralmente incorrectas. No hay nada de moralmente correcto en la guerra.

La bondad y la maldad moral son cualidades de la intención de la decisión, mientras que la corrección e incorrección moral son cualidades de la acción, que es el resultado de la decisión. En este sentido, las decisiones y acciones son morales cuando respetan y contribuyen al bien principal. Se consideran inmorales, en este sentido normativo, cuando lo irrespetan o destruyen.

Las normas morales especifican las relaciones entre el bien principal y los actos humanos. En consecuencia, los actos morales merecen una evaluación positiva, y los actos inmorales merecen una evaluación negativa según las normas morales.

Según el “situacionismo”, el espíritu de la ley debería ser utilitario. Desde esta perspectiva, se deberían diseñar y ejecutar leyes legales y morales de una manera socialmente útil. Esta táctica sigue el utilitarismo de reglas. Según esta perspectiva, deberían diseñar e implementar el código de conducta más socialmente útil, adhiriéndose al principio de optimización utilitaria de apuntar al «mayor bien para el mayor número» de personas. En consecuencia, la ética de la situación debe fomentar la adopción de leyes socialmente útiles. Zelensky ya perdió, pero no quiere la paz negociada, quiere una heroica. Mala cosa.

Los poderes hegemónicos pueden alterar o modificar el orden pero no crearlo, para crearlo se requiere el concurso consensuado de sociedades enteras. Cuando se desechó el patrón oro en 1971, no fue mediante las armas. Ante la anarquía en el manejo de la emisión primaria por parte de los EEUU el dólar ya no puede ser el único referente para la determinación del valor. En el mismo sentido como una lucha a muerte contra la oferta de drogas no tendrá éxito sin un frente de trabajo similar por el lado de la demanda.

Igual la convivencia sin violencia no regresara simplemente porque se considere delito (legalismo) a la venta de armas. De mismo modo que aplicar aranceles o aumentar los impuestos no producirá más crecimiento. La verdad existe aunque nadie crea en ella.

El fanatismo autoritario (Trump y Putin lo son) o antinomianismo tampoco ofrece una salida para los líderes hambrientos de popularidad y faltos de profundidad humanista, como para formular programas revolucionarios que mejoren la condición social de un país o del mundo entero sin destruirlo al mismo tiempo.

En esta forma de pensar, común entre muchos lideres, uno entra en una situación de toma de decisiones sin principios o máximas en absoluto, por no hablar de reglas. En cada «momento existencial» o situación «única», se declara que uno debe confiar en la situación misma, allí y entonces, para proporcionar su solución ética. Solo así se comprende cómo pueden pesar más los muertos por fentanilo que los resultantes del tráfico de armas y drogas.

Como el  subjetivismo práctico en el que estamos sumidos y del que estamos abusando, resalta la primacía de la experiencia individual en la toma de decisiones morales, desafía las nociones tradicionales de objetividad y universalidad.

A diferencia del subjetivismo teórico, que se enfoca en la naturaleza del conocimiento, el subjetivismo práctico se sumerge en el terreno de la acción, donde las preferencias y sentimientos personales se convierten en la brújula que guía la conducta. Como ejemplo, escoger a los jueces mediante elección ciudadana no producirá mejores jueces y mucho menos mejorara la justicia o la persecución y prevención del delito, pero se salvó un propósito político.

En su esencia, el subjetivismo práctico se nutre del relativismo moral, negando la existencia de verdades éticas absolutas. Lo que es «correcto» o «incorrecto» se diluye en la diversidad de perspectivas individuales, donde cada persona se erige como juez supremo de su propia moralidad. Los sentimientos y emociones, lejos de ser meras reacciones, se transforman en la materia prima de los juicios morales, coloreando cada decisión con la paleta de la subjetividad.

Esta visión ética conveniente al poder, sin embargo, no está exenta de desafíos. La ausencia de criterios objetivos plantea interrogantes sobre la resolución de conflictos y la protección de los derechos humanos. ¿Cómo conciliar las diferencias cuando cada individuo se aferra a su propia verdad? ¿Cómo evitar que la subjetividad extrema se convierta en un escudo para la indiferencia o la injusticia?.

Volviendo al encontronazo Trump-Zelensky, se trato de dos actores con libretos diferentes, es una lastima que el uncraniano no recurriera a sus dotes cómicas y mostrara como Maquiavelo: «de un tiempo acá, jamás digo lo que creo y jamás creo lo que digo, y aunque diga lo verdadero algunas veces, lo escondo entre tantas mentiras que es difícil encon- trarlo». La sinceridad en política es algo peligroso, Trump si lo sabe.

«Hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana; y no estoy tan seguro del universo». Frase atribuida a Einstein sin comprobar.

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// Carlos Chavarría Garza

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Autor: lostubos
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