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La cruzada de los niños en el ‘Fosfo León’

Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

El gobierno de Samuel Alejandro García Sepúlveda no hace de Nuevo León un nuevo Nuevo León; no transfigura, desfigura: Fosfo León. “La cruzada de los niños es un episodio legendario de la cultura occidental que, como pocos en su género, se conserva en el corazón de lo moderno como pasión religiosa y aventura moral”.

Jorge Luis Borges, al describir y redescubrir las cruzadas, envuelve: “A fines del siglo XI, la voz de un ermitaño de Amiens –hombre de mezquina estatura, de aire insignificante (persona contemptibilis) y de ojos singularmente vivos– impulsa la primera cruzada; las cimitarras y las máquinas de Jalil, a fines del XIII, sellan en San Juan de Acre la octava. Europa no emprende otra; la misteriosa y larga pasión, que provocó tanta innecesaria crueldad y que Voltaire condenaría, ha tocado a su fin; Europa se distrae de recuperar el sepulcro de Cristo”.

“A principios del siglo XII, partieron de Alemania y de Francia dos expediciones de niños. Creían poder atravesar a pie enjuto los mares. ¿No los autorizaban y protegían las palabras del Evangelio Dejad que los niños vengan a mí, y no los impidáis (Lucas 18:16); no había declarado el Señor que basta la fe para mover una montaña (Mateo 17:29)? Esperanzados, ignorantes, felices, se encaminaron a los puertos del Sur. El previsto milagro no aconteció. Dios permitió que la columna francesa fuera secuestrada por traficantes de esclavos y vendida en Egipto; la alemana se perdió y desapareció, devorada por una bárbara geografía y (se conjetura) por pestilencias. Quo devenirent ignoratur. Dicen que un eco ha perdurado en la tradición del Gaitero de Hamelin.”

La cultura de la improvisación hecha gobierno es la apuesta del Fosfo León. La cruzada por las clases presenciales, la de los niños y jóvenes nuevoleoneses, puede naufragar no en procelosos mares sino en sequías tangibles: las escuelas no están lo suficientemente preparadas para el regreso a clases. En vez de darle seguridad a las escuelas, la infraestructura básica, el gobierno estatal y muchos gobiernos municipales las olvidaron como prioridad, por eso están saqueadas; por eso, desmanteladas.

Menuda gracia la desgracia escolar. Grande el ninguneo contra la labor magisterial. Sofialeticia Morales, secretaria de Educación del Gobierno de Fosfo León –entrecortado su aliento– dio a conocer resultados desalentadores en una evaluación que su dependencia realizó entre 239 mil 579 alumnos de segundo a cuarto año de primaria.

Conocemos los resultados del estudio, no su metodología ni quiénes lo aplicaron (cantidad de evaluadores y calidad profesional), menos el tiempo que llevó a evaluar la friolera de 239 mil 579 estudiantes. Con la incredulidad a cuestas, reproduzco: dos de cada tres alumnos no comprende un texto simple; tres de 10 de segundo año, no saben sumar ni restar; de tercer grado, uno de cada cinco no puede leer una palabra; uno de cada cinco de cuarto grado no puede leer un enunciado con fluidez. ¿Tan jodidos están nuestros discentes? ¿Tan jodidos nuestros docentes?

En la imposición de la comunicación política, se trata de construir un problema (el pesimismo con la “pandemia silenciosa”, ergo, el bajo aprendizaje), para edificar las “condiciones” persuasivas del regreso a clases presenciales (el optimismo estridente), aunque se engañe a los ciudadanos diciendo que “NL se declara listo para el regreso a clases, con el 91% de los planteles restaurados” (Samuel García, redivivo flautista de Hamelin, dixit).

Como a los infantes cruzados de las gestas europeas, a los estudiantes los arrojan a la deriva con escuelas indignas, sin gel antibacterial y sin mascarillas KN95. Los previstos milagros… no ocurren.

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Vía / Autor:

// José Jaime Ruiz

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Autor: stafflostubos
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