La Carpeta:
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El gobierno no va a dar marcha atrás a su llamada Reforma Educativa y los disidentes no van a retroceder un paso en lo que el gobierno les ha concedido.
FELIX CORTES CAMARILLO
agosto 25, 2016, 6:04 am

felix-nuevo

Interdit d’entrer. Parler ou fumer. Être sans papiers. Même s’allumer.

                Dura Lex, Brigitte Fontaine

El presidente Peña Nieto ha sido muy claro, finalmente. Si no hay clases, no hay diálogo.

Es obvio que no habrá clases. Completas, como dice la experiencia.

Los dos contendientes en este enfrentamiento están en un callejón sin salida. El gobierno no va a dar marcha atrás a su llamada Reforma Educativa y los disidentes no van a retroceder un paso en lo que el gobierno les ha concedido.

En este remolino de pasiones se nos olvida que las leyes son hechas por hombres y que cargan su fardo enorme de incapacidades.

Peña Nieto abrió la puerta a las negociaciones. Si regresan a clases podemos sentarnos a discutir, que ha sido el discurso de Osorio Chong. Y que no tiene nada de erróneo.

Todos sabemos que la reforma llamada educativa no fue más que un recurso para limitarle las alas a la dirigente del SNTE y sus allegados, para que el gobierno de México recuperara el control de la educación y su aparato en México. Lo que pasa con la Reforma Educativa de México es lo mismo que con El Quijote: todo el mundo lo cita, pero nadie lo ha leído.

Yo reto a que alguien que ya la leyó y pueda explicarme el texto de la Reforma Educativa mexicana, que me diga en dónde habla de propedéutica o pedagogía. No hay una sola mención a los planes de estudio o desarrollo de los educadores. Mientras me explican eso, las calles de la Ciudad de México, en el centro, siguen bloqueadas.

Los grupos empresariales siguen insistiendo en que el Estado le parta la mandarina en gajos a los disidentes magisteriales. No están lejanos a la razón. Tampoco están alejados de ella quienes afirman que la evaluación de los docentes debiera aplicarse también al jefe del Ejecutivo y su tesis de abogacía plagada de plagios. Los dos grupos se equivocan. Si Peña Nieto la cagó y copió textos que alguien le sugirió, eso no justifica que más de un millón de niños mexicanos no puedan ir a clases hoy.

Lo importante es que las leyes se hacen para regirnos y se cambian para mejorar. Eso es lo que se debe hacer con una reforma que ni es educativa ni tiene el apoyo de los mexicanos.

El precepto latino dice que la ley es dura, pero es la ley. Si no respetan el principio, los disidentes de la CNTE van a pagar con su pellejo.

Siguiendo a su pronunciamiento en el Estado de México, el Presidente no tiene más opción que obedecer la ley, dura y todo. Si no lo hace, habrá comenzado el peor periodo de su ejercicio presidencial. Sin importar la ceremonia juvenil que la semana próxima le armarán los escenógrafos de Los Pinos.