Por Félix Cortés Camarillo.

Como quisiera, ay, que tú vivieras.

Que tus ojitos jamás se hubieran

cerrado nunca, y estar mirándolos…

Juan Gabriel, Amor Eterno

Yo ya estaba al tanto de que había un raro personaje que deambulaba por donde le permitieran, diciendo que el compositor y cantante famosísimo y emblemático de la música popular mexicana de este siglo, Juan Gabriel, no solamente no está muerto, como todos habíamos sido informados, sino que, vivito y coleando, mantenía comunicación con él, de vez en cuando comen juntos, y que Juanga le había prometido que reaparecería en México un día de diciembre y luego otro en enero, o algo así.

Como debe ser, tiré yo a Lucas al personaje. Pero siguiendo las imprescindibles conferencias de prensa mañaneras en Palacio Nacional vi en la telera que el tal personaje se presentó a los encargados de atención ciudadana y les entregó una carta pidiéndole al presidente López audiencia, con el fin de que recibiera –el presidente– a Juan Gabriel –que está vivo– para dar la buena nueva al pueblo mexicano. Hasta ahí iban las cosas. No cambié en mucho mi opinión sobre el asunto cuando una buena amiga mía nos dijo que Martha Figueroa, que se dedica a las noticias del espectáculo en programas de televisión, estaba convencida de que el compositor no ha muerto.

Y luego, de pronto, ayer una de las convocadas a la mesa del Señor en el monólogo matutino le preguntó al presidente López si había recibido la dichosa carta y cuál era su reacción. El presidente dijo, en la ambigüedad que le caracteriza cuando no tiene cifras inventadas para contestar, que esté vivo o muerto, Juan Gabriel vive en sus canciones.

Algo similar me contaron a mí en mi adolescencia cuando se hablaba de la muerte de Pedro Infante en un avionazo en el centro de Mérida, cuando pilotaba una avioneta sobrecargada de casimires ingleses de contrabando. Pedro Infante vive, decía el precursor de los twitter que no sabíamos a por ahí venían: Pedro Infante vive en el corazón de todos los mexicanos.

Mi muy querida Vianey Esquinca, del Excélsior, puso a consideración de las redes sociales una miniencuesta: ¿quién es más culpable y superficial?: ¿la “periodista” –las comillas son mías–, que le preguntó al presidente López sobre Juan Gabriel y su supuesta resurrección, o López Obrador por contestar lo que contestó?

No sé qué respuesta obtuvo Vianney, pero yo pienso que ninguno de los dos tiene culpa. Ciertamente, Juanga sigue viviendo en el corazón de todos los mexicanos gracias a sus estupendas canciones, como dijo el presidente. Ahora sólo falta que el divo de Juárez se reviente en Noa Noa en Palacio Nacional.

¿A quién carajos le importan los muertos por doquier, el alza en las gasolinas, los desempleados burócratas que andan con una mano adelante y otra atrás y no saben cuál quitarse primero, la CNTE que tiene agarrado al presidente de salvas sean sus partes y tantas otras cosas más?

¡Arriba Juárez!

felixcortescama@gmail.com

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