Por Jorge Narváez.

Cada 15 días los estadios de fútbol de Tigres y Rayados registran entradas envidiables para otras directivas, por ejemplo, Cruz Azul. Actualmente los seguidores de “La Máquina” están resentidos con el equipo por la final perdida ante su archienemigo América. Han realizado protestas en contra los jugadores acusándolos de la falta de “compromiso” dentro de la cancha.

Los resultados negativos de los equipos se sienten principalmente en la taquilla con la venta de boletos. Y cada que pasa eso las directivas sufren, y le aseguro que sufren mucho.

En Rayados, por una final perdida, los aficionados se manifestaron por no renovar los abonos. Ese fue un duro golpe a la directiva, que ahora tiene venta libre, algo que no se veía desde hace mucho tiempo. El enojo llegó a tal grado que hasta se pidió “la cabeza” de los “peces gordos” de la administración como la del presidente José González Ornelas, o del director deportivo Duilio Davino.

Es una forma de presión que pone de nervios a las directivas por la pérdida de ingresos, pero tienen el alivio que ante una racha de juegos ganados la afición regresará. O bien, buscan alguna manera de no dejarla ir.

La frase típica “en las buenas y en las malas” es un juego de palabras mañoso, un chantaje para pegarle a la afición en el orgullo, un truco las directivas. Así convierten lealtad por un club en una batalla entre aficionados para demostrar que son fieles seguidores al equipo, y para dejarlo bien claro creen que la única forma de comprobarlo es ir al estadio. Pero se olvida que eso es sólo una parte de lo esencial de un verdadero aficionado.

Un hincha verdadero se destaca por demostrar sabiduría de fútbol, conocer el perfil de los jugadores, conocer el juego del entrenador y sobre todo reconocer y aceptar la derrota.

El color en cada juego: aventar papel picado, llevar banderas y cantar los 90 minutos, es sólo parte del ambiente, pero no demuestra ser un verdadero aficionado. Un ignorante del futbol puede hacer todo esto por pura moda, o por ser parte de un grupo. Hasta pueden sumarse políticos para ponerle su propia camiseta a la afición. Pero todos son oportunistas, o como les dirían en la Fiesta Brava: “villamelones”.

Sin embargo, las directivas, sobre todo en Tigres, han encontrado la manera de mantener contenta y satisfecha a la gente con la organización de actos coloridos para recibir a los jugadores. Sólo son estrategias que para algunas directivas funciona, y para otras sólo dependen de los resultados del equipo, porque entre los asistentes al Estadio acuden más aficionados y menos fanáticos.

Esa es la parte del futbol que no es futbol. Porque el futbol es durante 90 minutos, y se vive en la cancha, y se vive y se siente “en las buenas y en las malas” desde las gradas o frente al televisor. Lo demás, es espectáculo. Y eso es lo que deberían entender perfectamente los verdaderos aficionados.

@soyjorgenarvaez

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