Por Carlos Chavarría.

La política migratoria que pretende instaurar el presidente López Obrador, que para él es una novedad o la ofrece como una novedad, no lo es en realidad ni para México o para el mundo.

Sea porque exista un honesto interés en ayudar a algunos países, o para disfrazar los patrones de relación entre economías asimétricas y así poder continuar con los flujos comerciales, por decirlo de alguna manera, todos los países miembros de la OECD y sobre todo los del Grupo de los 8 más fuertes en términos económicos, desde la terminación de la Segunda Guerra Mundial han apostado por “ayudar” a las naciones más desfavorecidas de muy diversas maneras.

Las opciones son variadas y van desde ayuda “humanitaria”, préstamos a fondo perdido, aportaciones financieras para programas sociales, préstamos a largo plazo para bienes de capital, etc., de hecho, México ha entregado y lo sigue haciendo grandes cantidades de petróleo a precios subsidiados a casi todos los países de la América Latina y en particular con Cuba lo hizo de manera gratuita desde los 60´s del siglo pasado.

De hecho y de acuerdo con la recomendación de la OECD de entregar en asistencia el equivalente del 0.7% del PIB, solo en el 2018 la suma de las aportaciones de todos los países para asistencia a países en dificultades fue de 150,000 millones de dólares.

Lo imprudente de la medida que ha decidido implantar López Obrador reside en diversos aspectos, el primero es que México en si es un importante receptor de casi mil millones de dólares de ayuda financieras desde el exterior, así que suena absurdo y fuera de lugar que ahora le entregue recursos que no tenemos a países que adolecen de una dependencia enfermiza hacia los apoyos globales como es el caso de Centroamérica.

La asistencia financiera debe ser para coadyuvar a que los países salgan de la pobreza. Nada más alejado de la realidad cuando los gobiernos de Guatemala, El Salvador y Honduras son clasificados, junto con México en los lugares 27, 28, 29, y 30 en una escala de 100 países, así que suena a tirar dinero.

América Central es una región que han aprendido a vivir de la asistencia internacional. Mientras México recibe 7 dólares anuales per cápita de asistencia, Honduras recibe 77, El Salvador 17, y Guatemala 15.

Los costos de la estrategia humanitaria de México hacia los migrantes serán muy elevados. Mover 6,000 efectivos de la recién Creada Guardia Nacional para asegurar que se respeten las leyes migratorias mexicanas, su manutención, equivalen a 2,400 millones de pesos anuales sobre la base de 40,000 pesos mensuales por efectivo, sin contar así las entregas para los solicitantes de que los EEUU tiene bajo proceso y que se quedaran en nuestro país.

México no sabe administrar sus fronteras. En México no disponemos de las tecnologías de información y de control del espacio como para frenar la migración la estilo de los EEUU. La curva de aprendizaje será larga y costosa y muy poco efectiva.

El resultado final será insostenible. A base de fuerza bruta es posible que en los primeros 45 días se logre bajar el número de indocumentados hacia los EEUU, pero con una tasa de reintento de casi 75% en los 30 días siguientes a su deportación, será como estar correteándonos alrededor de la mesa.

Finalmente, el problema no son los centroamericanos. Si se toman en cuenta los números reportados por el departamento de seguridad doméstica de los EEUU, conocido por sus siglas en inglés como “DHS”, resulta que el 90% de los indocumentados son de origen mexicano y de zonas de exacción bien conocidas que es hacia donde debía invertirse el dinero que ahora se intenta gastar en Centroamérica.

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