Por Eloy Garza González.

AMLO ya está viejo para cambiar de hábitos, buenos o malos. Lo testarudo no se le quitará ni con lejía, ni lavándose con un estropajo de lechuguilla. Por estar muy apegado a sus ideas, le va cómo le va en los medios y se lo vive tundiendo la prensa adversa que no le perdona el mínimo tropiezo. Pero también por aferrarse a su modo de ser, por ser tan necio como aquella canción de Silvio Rodríguez, llegó a ser presidente. Eso hay que reconocérselo.

Fallos como gobernante tiene muchos. Muchísimos. Pero no los que comúnmente le cantan sus opositores. De hecho, en este mundo patas arriba que es la sociedad mexicana, los errores que le señalan a AMLO son sus aciertos, y sus aciertos, errores. Me explico: el mandatario, por ejemplo, escucha de más. No tiene las orejas tapadas con cera, como debería hacerlo muchas veces. Las mañaneras serían menos aburridas, un punto menos tediosas, si le quitaran la palabra a tanto reportero tonto, sobre todo cuando uno de ellos se extiende más de cinco minutos. No habría menos libertad de expresión en México si a estos iletrados le apagaran el micrófono a mitad de su discurso enredado (que ellos confunden con preguntas). Hasta hace varios meses, antes de que llegara AMLO a Palacio Nacional, ni siquiera había mañaneras. No está de más recordarlo.

Pero AMLO tiene errores garrafales, que casi nadie le reprocha a fondo, con pruebas concretas. Por ejemplo, es muy básico en temas económicos, es muy rupestre para asuntos financieros. Pemex no es la solución sino el gran problema de México. El IMSS es una bomba de tiempo que le tronará entre las manos. Otro error de AMLO consiste en soltarle tanta cuerda a Marcelo Ebrard, dando a entender, en el exterior, que es el poder detrás del trono. Dejar que su canciller ande como Juan por su casa en los foros internacionales, es un exceso. Tomarse fotos con las grandes figuras globales, como si fueran sus amigos de piquete de ombligo, da pena ajena. Luego le crecerán a AMLO los enanos y no hay quién los pare. Eso le pasará a AMLO con Ebrard, como le ha pasado antes con muchos examigos suyos como Bejarano. Marcelo acabará por apoyarse en los mandamases de afuera para querer afianzarse adentro.

AMLO sabe que no ocuparía reelegirse como presidente porque cumplirá dos periodos en uno. Cree que un sexenio abarca doce años, no seis.  Así de revolucionado está. Ha estirado su gestión como ningún otro antecesor en menos de un año de gobierno. Es un acelerado. Ocupa un tranquilizante. Un Valium de 10 miligramos. Si sus enemigos tuvieran un palmo de cabeza y no una calabaza arriba de sus hombros, sabrían que le harían más daño callándose, haciéndole el vacío. AMLO se engalla cuando le tiran puyazos y se deprime, se destantea, cuando nadie lo pela. Pero sus enemigos tienen que justificar sus quincenas. Les pagan por vociferar, no por analizar. En ese escenario tan turbio, tan revuelto, quienes sí somos críticos imparciales nos perdemos en el escándalo nacional de chillidos. Ni modo: aquí seguiremos, picando piedra.

@eloygarza

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