Por Félix Cortés Camarillo.

Desde luego que yo estoy a mucha distancia de transformarme en un Andrés Manuel López Obrador cualquiera: lo fue muy distante en su larga campaña por el poder totalitario, y lo es más ahora que lo ejerce. Sin embargo, en el muy remoto caso de que yo fuera el presidente, tendría una preocupación muy grave. ¿Qué será de mí?

Recién está salida del horno la Ley Federal de Austeridad Republicana, bajo el obstinado apoyo del presidente López; a mí se me antoja que, como decía mi abuela, se le puede voltear el chirrión por el palito. Confieso que nunca entendí los vericuetos de ese aserto.

Vamos a ver. La nueva ley de austeridad supone evitar una de las más socorridas formas de la corrupción.

Resulta que “antes, durante el neoliberalismo” (así suele decir el presidente López) los funcionarios públicos de tal o cual cartera eran presa fácil al terminar su ejercicio oficial de las empresas privadas que los seducían con atractivos sueldos y prebendas porque en su buchaca traían información importantísima para el beneficio de los nuevos patrones.

De esta forma, el expresidente Ernesto Zedillo se pudo ir cómodamente al consejo de administración de una de las empresas ferrocarrileras norteamericanas que se quedaron con los Ferrocarriles Nacionales de México por la criminal decisión ejecutiva del presidente Ernesto Zedillo; creo que es la Southern Kansas, pero no me hagan caso, yo soy un periodista fifí.

Igualmente, los que trabajaron en la Secretaría de Hacienda se fueron a los bancos o instituciones de crédito o finanzas; los que estuvieron en Comunicaciones se apegaron a sus pares, los de Salud acudieron a los laboratorios como asesores o consejeros; y los que algo sabían de energéticos se fueron a asesorar a las compañías petroleros que creyeron el cuento de la Reforma Energética.

Pues todo esto se acabó.

La nueva ley establece que diez años después de sacrificarse en el servicio a la Nación, los funcionarios públicos no pueden aceptar trabajo en ninguna empresa privada, nacional o extranjera, cuyas actividades tengan algo que ver con el área en que se desempeñó el funcionario.

Que ni se sueñe el señor Urzúa en un escritorio ejecutivo de alguno de los mayores bancos del mundo o instituciones financieras, fiduciarias, crediticias o de cualquier índole que tenga que ver con el dinero. El Ing. Jiménez Espriú no puede trabajar para ninguna empresa que tenga que ver con transportes o comunicaciones…Y así.

Me queda muy claro que ninguno de los altos funcionarios de esta administración tendrá problemas de supervivencia una vez terminadas sus funciones.

A mí lo que me preocupa es el presidente López.

Conocida ampliamente la frugalidad de su vida cotidiana y los escasos recursos de los que vivió durante su larga campaña hacia la presidencia, en la que tuvo que vivir de las regalías de unos libros que al menos yo no he leído, el primer día después de que concluya su mandato tendrá que enfrentar la pregunta que muchos desempleados conocemos: ¿qué será de mí?

Será una víctima de su propia ley. Puesto que nos da muestra cotidiana de que sabe de todas las áreas de su gobierno, no podrá agarra chamba en ninguna empresa. Durante diez años.

Caray.

PILÓN.- Por si nadie se dio cuenta, en el “informe” de gobierno del lunes en el Zócalo, el presidente eludió los tras problemas más importantes que México enfrenta: la economía estancada, la criminalidad creciente y el asunto migratorio.

Abundando en su retórica, el presidente dice que la economía está requetebien. El peso está firme, aunque no nos dice que ello se debe a que el dólar se devalúa y México sigue ofreciendo tasas de interés infames de altas a todo aquel capital golondrino y especulador que quiera venir a cobrar, que no a fomentar desarrollo. La migración está resuelta mientras Donald Trump no nos mande un twitter de castigo y nuestros policías sigan siendo el muro fronterizo que Trump les prometió a quienes van a reelegirlo. El problema es la seguridad y algunos integrantes de la policía federal están poniendo piedritas en el camino a la implementación de la Guardia Nacional.

Es una provocación, evidentemente. El presidente habló de lo imprescindible que resulta la disciplina. Y la Guardia Nacional, digan lo que digan, es un cuerpo militar.

felixcortescama@gmail.com

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