Por Carlos Chavarría.

El problema con las crisis es que sólo pueden ser analizadas retrospectivamente, y uno ya debiera haber aprendido con cada una de las que nos ha tocado lidiar, pero no es así.

Con gran habilidad, el presidente López Obrador ha convertido la atonía en la que estamos sumergidos desde hace 24 años en un triunfo mediático que le da fuerza y credibilidad a su discurso; pero no es más que eso, discurso, en la realidad estamos sometidos a las mismas posibilidades de caer en crisis económica que antes.

El TLC no logró jalar a todos los productores para que se convirtieran en exportadores netos y en consecuencia mantenemos alto nuestro déficit de cuenta corriente, lo cual no es tan malo, excepto si, como nosotros, lo financiamos con las remesas de nuestros paisanos en los EEUU y con las inversiones extranjeras, tanto directas como “golondrinas”, o en activos de alta volatilidad.

Sólo entre los meses de abril a junio se fueron 5,400 millones de dólares (mmusd) de valores de renta variable en manos de extranjeros, que ascienden a 145,000 mmusd, que corresponden casi en exacto al déficit de la cuenta corriente del mismo periodo (Fuente: Banco de México, en tanto en el rubro de nuevas inversiones extranjeras directas sólo alcanzaron los 2.3 mmusd.

Zedillo sacó al país de la crisis del 94 reduciendo el consumo en forma dramática, elevando el IVA y los impuestos. Fox y Calderón disfrutaron de precios muy altos del petróleo y así sortearon el déficit de nuestro consumo. A partir de Peña se usaron los márgenes que había para endeudarse y abrir oportunidades en la economía para más inversión extranjera directa.

En una economía donde el 60% opera en la informalidad, una variación en el PIB de 0.1, del 1.0, o del 2.0, es totalmente marginal. De nueva cuenta le apostamos al déficit público como motor de la economía en proyectos sin repago a la vista.

Podemos inventar nuestras propias historias y datos, pero la realidad es que el país sí debe crecer al menos al 4% si queremos empleo para todos, que es la única forma sostenible para abatir la pobreza y crear excedentes para mejorar el capital agregado.

El problema es que todo esto ahora está apuntalado en tasas de interés muy altas para atraer inversionistas, pero sólo en valores y no en fierros, en empresas, y eso se mantendrá en tanto exista confianza en que las condiciones serán propicias para el libre flujo de capitales en México.

La verdad es que, sea por ignorancia o estrategia, el discurso oficialista dista mucho de ser un generador de confianza, más cuando poco a poco se piensa en aislar a México de los círculos globales donde se compite por atraer capitales de riesgo.

Es un hecho que el gobierno está reorientando todo su gasto para aumentar las subvenciones sociales en un infructuoso afán de abatir los índices de pobreza, pero sin la intención de mejorar la movilidad social.

La situación financiera del gobierno es bastante frágil, y la economía del país vulnerable, así que el 0.1 % no es sino una confirmación de que, si no se cambia de estrategia de fondo, las perturbaciones y volatilidad del entorno obligarán al estado a implantar exacciones mayores desde la sociedad y hacia el gobierno.

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.