Por Francisco Tijerina.

“Si le hago caso a uno pierdo,

y si le hago al otro también”.

Yomero.

Triste, pero sobre todo preocupante, el caso de los gasolineros de Nuevo Laredo que están entrampados en medio de una lucha de la que no tienen culpa, pero por la que sufren repercusiones.

Amenazadas por la delincuencia las estaciones de servicio tuvieron que negarse a cargar combustible a las unidades de la policía local, estatal, federal y elementos del Ejército, so pena de sufrir las consecuencias si no acataban la orden.

Como respuesta, la autoridad ha implementado operativos de la Profeco cerrando gasolineras bajo el argumento de la “discriminación” al brindar el servicio. Si me preguntas, de los males el menos, porque resulta preferible tener cerrado el expendio que mirar cómo llegan y te lo incendian para perderlo todo.

No, no es lo correcto, pero llegar a esta decisión nada sencilla tiene que ver con un punto anterior: ¿por qué los gasolineros no confían en que les lleguen a brindar protección las autoridades y seguir surtiendo combustible a los cuerpos de seguridad?

La respuesta del gobierno equivale a “matar al mensajero”.

Antes que castigar a quienes con seria y profunda preocupación anteponen la seguridad personal y la de sus empleados además de su patrimonio, cerrando los negocios, deberían ganarse la confianza de la ciudadanía, empresarios gasolineros incluidos y demostrar en los hechos que pueden combatir y contener las amenazas de los delincuentes.

No es cerrando gasolineras como se resolverá el problema.

Mientras tanto y poniéndote en los zapatos de los dueños de las estaciones de servicio fronterizas, ¿pa’ dónde te haces?

ftijerin@rtvnews.com

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