Por Francisco Tijerina.

“Es propio de hombres de cabezas medianas

embestir contra todo aquello que no les cabe en la cabeza”

Antonio Machado.

Lorenzo Garza Gaona es un joven, hijo de torero y además nieto y bisnieto de dos de las más grandes figuras del toreo en México: Lorenzo Garza y Rodolfo Gaona, respectivamente. Con esos antecedentes el chaval no podía ser otra cosa que torero.

Pues bien, cansado de tocar puertas Garza Gaona se remitió a un esquema utilizado por muchos en tiempos de sus ancestros a fin de llamar la atención y presionar a las empresas: una huelga de hambre en el exterior de la Plaza México.

Y es que Lorenzo busca confirmar su alternativa en el coso de Insurgentes en la segunda parte de la actual temporada, pero como no le han dicho sí ni tampoco no, el chamaco tomó una medida extrema y ahí está. Ojalá tenga suerte.

Pero el fondo de estas líneas no es la historia del torero, sino la increíble intolerancia de algunos que se dicen defensores de los animales.

A lo largo de los años, mi afición por la tauromaquia me ha llevado a tener discusiones de gran altura con personas cultas y preparadas en nuestras posturas antagónicas, pero también, debo decirlo, las más de las veces pleitos verbales o escritos en los que la violencia en las palabras de mis oponentes ha sido lo suficientemente estridente para preferir dejarles solos.

Reflejo tal vez del tiempo de polarización que vive México entero, los insultos, agravios y malos deseos que Lorenzo Garza Gaona recibe en las redes sociales por parte de antitaurinos rayan en lo criminal y bien podrían constituir el delito de amenazas.

Hombres y mujeres, la mayoría escondidos tras el anonimato, lo menos que le desean es la muerte y de preferencia una muerte con dolor y sufrimiento; hay en esos mensajes horribles agravios a su señora madre y toda clase de calificativos hacia él, solo porque se dedica a una profesión que es lícita como lo es el toreo.

Me asusta el que quienes dicen defender la vida de un animal sean capaces de desear la muerte de un ser humano. Me espanta su nivel de intolerancia y su capacidad de agredir a quienes no comparten sus puntos de vista.

Al margen de los gustos y aficiones, me duele el que esas personas tengan una alta actividad en redes sociales defendiendo a los toros y no hagan lo mismo por defender a otros seres humanos u otras especies que están en verdadero peligro de extinción; me llama la atención que su activismo no contemple ayudar a salvar a miles de bovinos que mueren por sequías o plagas en el mismo país.

Me llena de pena observar cómo la violencia y la agresión siguen creciendo como la única forma de dirimir diferencias, pero cuando les preguntas si están de acuerdo en la diversidad y otros temas, siempre, invariablemente, se colocan del lado de lo “políticamente correcto”, aunque segundos después le deseen la muerte a quien no congenia con sus ideas.

ftijerin@rtvnews.com

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