“Aquel de ustedes que no tenga pecado, que le tire la primera piedra.” // Evangelio según San Juan

Para saber de mahuacatas hay que tener camino andado.

No es nada fácil el sostener un espacio de televisión en vivo de dos horas y media todos los días y hacerlo durante muchos años es todo un logro.

Dicen que “al mejor cocinero se le va un tomate entero” y como humanos todos hemos cometido en alguna ocasión algún error.

La semana anterior la conductora de TV María Julia Lafuente cometió uno, se fue de la boca en un comentario totalmente fuera de lugar en lo que intentó ser un chiste entre compañeros a cuadro pero que implicaba una calificación a una mujer que aparecía en un video. Obvio, le llovieron críticas y la propia María Julia reconoció su desliz extendiendo una disculpa pública por el error.

Conozco a María Julia desde hace muchísimos años, sé de su capacidad y profesionalismo, pero además de su don de gentes, de su espiritualidad, de su bondad y buen corazón, por lo que me enfada, indigna e irrita la ligereza de algunos comentarios publicados en redes sociales por un simple desliz, un error, del cual insisto, ya publicó una disculpa.

La defiendo porque es mi amiga, pero además porque es mujer y como dama merece un respeto, respeto del que se olvidan algunos pelafustanes.

Ejemplo de ello es un tipo que hasta hace muy poco tiempo y a lo largo de varias décadas fue una piltrafa, un vicioso que iba por la vida dando tumbos y que por alguna razón tuvo la fortuna de tocar fondo y redimirse, pero en su reconversión ha tornado su vida llena de errores en una estúpida fiscalía, un estrado de juez supremo desde el cual califica vida y obra de las personas y desde la santidad de su nuevo estatus define bueno y malo.

El exvicioso, ahora redimido, se descosió en insultos y agravios contra mi amiga en su muro de Facebook, como si él nunca jamás en la vida hubiese cometido un error y como si tampoco nunca hubiese lastimado o herido a alguien con sus palabras o acciones.

Al leer su estúpido y cobarde comentario (porque conociéndole como le conozco estoy seguro que no sería capaz de decirle esas cosas en persona y mucho menos frente a otros como yo), sentí rabia y coraje, además de muchísimas ganas de replicarle en los mismos términos y condiciones, pero luego recordé quién era, de dónde venía y cuál era su historia.

Pena me dan un alcohólico convertido en abstemio, un ex fumador que ha dejado el tabaco o un exgordo que ha bajado de peso y que en los tres casos pretenden dar lecciones al mundo criticando a los demás por no seguir su ejemplo; y más cuando al hacerlo son irrespetuosos y majaderos.

Cada uno nos debemos a nuestro tiempo y circunstancias. Quisiera ver a ese que hasta hace poco era un borracho perdido sostenerse a cuadro hablando por diez minutos ante una cámara sin cometer algún error.

Criticar es fácil y andar por la vida dando lecciones de moral y buenas costumbres aún más.

Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra.

ftijerin@rtvnews.com

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