Por Félix Cortés Camarillo

Un amigo mío me dijo hace harto tiempo que si yo quisiera hacerle un daño grave a una persona que detestara mucho, lo único que tenía que hacer era regalarle un caballo. Preferentemente de fina estampa, considerable alzada, diente firme y fierro acreditado.

            Además de que se vería sorprendido por mi gesto, que agradecería con efusividad, se iba a sentir muy satisfecho, al grado de presumir el obsequio con profusas fotografías del animalejo en sus redes sociales. Luego enfrentará una realidad más cruda que la mañana del primero de enero.

            Poseer un caballo no es lo mismo que tenerlo: esto último quiere decir darle manutención. Y eso no se refiere solamente al pienso y el agua diarios. Primero se necesita un caballerango que debe darle baño y cepillado cotidiano a sus lomos, grupa y piernas. Menester es peinar sus crines y recortarlas, y es imperativo diariamente ensillar y montar al cuaco para un rato breve de paso, uno mayor de trote para un breve galope a la cuadra, desensillar, secar y atender a la dieta vespertina.

            ¿No había yo mencionado la cuadra? La renta no es baja. Es de doble puerta, piso alfombrado de paja nueva, con su iluminación, y en el caso de climas fríos, alivio para ellos. No debe olvidarse la provisión en espacio, pero sobre todo capital, para que el apareamiento -cuando llegue la hora- se dé en las mejores condiciones; no se diga del eventual parto. Lo cual me lleva al indispensable veterinario de consulta semanaria y que es especialista en equinos. Parece  abogado gringo y así cobra: en dólares y por hora, Las vacunas son indispensables e importadas y Dios libre a la bestia de tragarse por error un bicho que en el rancho llaman campamocha: puede ser mortal, pero tarda.

            Si el orgulloso dueño del apapachado animal quiere, y debe querer, lucirlo en público, los gastos de disparan, tanto para la apariencia del caballo como la del jinete.

            Lo dicho: antes de un año, el dueño andará buscando en la lista de sus peores enemigos alguien a quien regalárselo.

            Alguien debe haberle soplado el chisme al presidente López, porque en su soliloquio mañanero del martes confesó cual era su mayor preocupación. No es el desabasto de medicinas ni el desmadre que es armar un sistema global para 60 millones de mexicanos pobres que tienen la mala costumbre de enfermarse; no es la cantidad de muertos por bala que todos los días suben la estadística; no es el estancamiento de la economía mexicana. No.

            El presidente López pierde el sueño por el sorteo programado del avión presidencial, usando de coime a la Lotería Nacional, que legalmente no puede rifar ni piñatas, ni toros en una corrida, ni pollos en una cantina; sólo puede sortear dinero en efectivo. Eso,como queríamos demostrar, se arregla modificando la ley. Cierto, el presidente López ya presentó el diseño del cachito de lotería para ganarse el pájaro de acero, aunque no se dijo si sea un décimo o un vigésimo, según el uso de la Lotenal. Estableció también la venta de los “cachitos” para el Premio Mayor. Los empresarios mexicanos que el presidente piensa están dispuestos para cualquier maroma, comprarán series enteras del billete y los revenderá o regalarán a sus trabajadores. Los legisladores, ya se dijo, comprarán a serie por curul. Alguien insinuó que los empresarios obligarían a los empleados a comprar su cachito, lo cual es ilegal.

            Como todo este asunto.

            Pero al presidente López le preocupa el destino del humilde mexicano que en el sorteo se saque el avión. Le va a pasar, a proporciones colosales, lo del caballo de mi amigo.

            Y eso llevará, según el presidente López, a la crisis de una familia mexicana, como sucedió con el protagonista de la telenovela El Premio Mayor.

            Y eso es algo inadmisible en la Cuarta Simulación.

PARA LA MAÑANERA.-  Con todo respeto, Señor Presidente: podría usted recordarle al subsecretario de Gobernación que responde al nombre de Ricardo Peralta -tan africionado él al refranero popular que comparte esa afición con Usted- que no debiera olvidar otra muestra de los proverbios nacionales: el que dice: ” los chicharroneros de hoy serán los marranos de mañana”

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