Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

Al feminicidio no se le puede responder con un decálogo de buenas intenciones (“catálogo” lo califica el monero Rocha en La Jornada). Los movimientos por el derecho a ejercer la diversidad han demostrado que lo personal es político y el feminicidio es también un asunto político, además de seguridad.

Por lo anterior la 4T encabezada por el presidente Andrés Manuel López Obrador no debe equivocarse. Cada declaración es sepultada por los hechos, por los asesinatos, por las violaciones, por la violencia en contra de las mujeres, por la desatención pública al derecho de abortar. Si no se alcanza a entender que todo ello es político, se siguen rutas equivocadas, como difundir (lo cual exaspera) un catálogo de buenas intenciones o responder a las manifestaciones con “no nos pinten las puertas, las paredes”.

Una sociedad pintada de feminicidios es el agravio mayor, no las paredes o puertas “pintadas” de los recintos públicos por los movimientos sociales de las mujeres.

Es cierto que los medios de comunicación encabezan sus notas desde una percepción de conflicto, no de composición social. Veamos sobre las declaraciones de la mañanera de hoy:

El Universal: Pide AMLO a feministas “que no nos pinten las puertas, las paredes”

Reforma: “No nos pinten puertas, pide AMLO a feministas”

SDPnoticias: “No nos pinten las puertas, las paredes”: Pide AMLO a feministas

¿Algún medio resaltó o destacó otra frase de Andrés Manuel? ¿Algo así como “Yo sostengo que el que transforma, es feminista”? Lo cual es una declaración de principios de quien encabeza la 4T, ¿o no?

También es cierto que los editorialistas de la derecha convierten los feminicidios en un problema casi exclusivo del presidente y no se dimensiona social, “cultural” y políticamente. Ahí están las columnas, por ejemplo, de Raymundo Riva Palacio en El Financiero o León Krauze en El Universal cuando califican de indiferente o insensible a López Obrador sobre los feminicidios: no tratan de apoyar las luchas feministas, se acotan en atacar a Andrés Manuel. Ya desarrollaron una patología similar a la de Pablo Hiriart en contra de López Obrador.

La mujeres tuvieron que salir a gritar a las calles, a empuñar sus exigencias. Tuvieron que gritarlo con pintas en puertas y paredes. Los silencios cómplices se acaban. Porque son públicos, los sitios públicos pueden ser pintados por esos gritos. Porque todo lo personal es político, el presidente no sólo debe cambiar de discurso, también propiciar hechos, hechos, hechos del Estado mexicano en contra del feminicidio, en contra de la violencia hacia las mujeres. Transformar no es discurso.

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