Y cuando despertó,

El avión presidencial seguía ahí.

Con licencia del genial guatemalteco, tito Monterroso

            Juan Montes y José de Córdoba publicaron ayer en el diario The Wall Street Journal un informe en el que afirman que altas fuentes judiciales les han confirmado que el gobierno de México conduce una investigación en contra del ex presidente Enrique Peña Neto, como un derivado de la que se sigue al ex director de Pemex Emilio Lozoya Austin. Preguntado ayer al respecto, Andrés Manuel López Obrador negó saber algo sobre esta investigación porque eso es asunto de la Fiscalía, cuya autonomía él respeta a ultranza. Dice.

            Yo puedo decir que no saldrá de la oficina de la presidencia de la República ninguna instrucción para iniciar investigaciones penales, mercantiles, civiles o de las otras, en el futuro inmediato, implicando a cualquiera de los ex presidentes de México. Ni en el futuro lejano, según lo ha dejado en claro el presidente López.

            Si se leyera la letra chiquita del aburrido show matutino de Andrés Manuel, entenderíamos que, como dicen los contratos gringos o las ofertas de carros baratos: aplican restricciones.

            No es que no haya motivos para enjuiciar a los ex presidentes, tal como enumeró López Obrador en su soliloquio: de Carlos Salinas de Gortari hasta la primera semana de julio del año pasado, todos los que han pasado por la silla presidencial mexicana –esa que cuyo contacto, según el decir popular, apendeja a los inteligentes y enloquece a los pendejos- tienen una cola suficientemente larga como para merecer pisotones múltiples. Cito de memoria:

            Salinas por haber entregado los bienes de la nación a particulares, sus allegados; Zedillo, porque con el FOBAPROA  convirtió la deuda de unos pocos particulares en deuda pública que todos estamos pagando; Fox que es un traidor a la democracia y delincuente electoral; Calderón por haber declarado la guerra al narcotráfico mientras protegía la delincuencia organizado de la mano del señor García Luna. Peña, “pues lo de Pemex, ese asunto y otros”.

            Si las cosas son tan sencillas, y pese a la simplificación no tengo motivos para no pensar que son sencillas, ¿por qué no proceder a la piedra de los sacrificios y sacarle el corazón a todos los neoliberales que causaron la desgracia de la Nación?

            Porque primero está la inmunidad constitucional: no se puede juzgar al presidente de la República por otro delito que no sea el de traición a la Patria. Aún y cuando las reformas constitucionales de la Cuarta Simulación haya ampliado el espectro, las leyes no pueden aplicarse retroactivamente. Las nuevas leyes valen para de hoy en adelante, que dice la canción.

            Pero está el obstáculo más importante: la decisión presidencial.

            “Yo no quiero que nos quedemos anclados en el pasado. Yo sostengo que la justicia debe castigar, pero también prevenir…No es mi fuerte la venganza”. De ese tamaño es el dinosaurio a la Monterroso que amanece con el presidente López todas las mañanas, y del que no se puede apartar.

            Volvamos a la letra chiquita: aplican restricciones. Si el pueblo lo pidiera…

            Si el pueblo sabio exigiera a quien lo gobierna que encontrara el subterfugio legal para castigar los pecados del pasado, me canso ganso que esos vericuetos se encontrarían.

            Continuará…

PARA LA MAÑANERA.– Señor Presidente, con todo respeto: ¿Y las arbitrariedades en Notimex y la Conade? 

felixcortescama@gmail.com

Deja un comentario

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.