La sociedad mexicana es asimétrica. Las mujeres tienen menos oportunidades y están en desventaja frente a los hombres. Eso es un hecho perfectamente comprobable. El machismo, que en sus extremos criminales es feminicidio, provoca muchos males gravísimos, entre ellos, la desigualdad social.

Todo activismo para luchar contra el machismo, es válido; al diablo con los símbolos nacionales, los monumentos y hasta las normas de urbanidad. Hay que subrayar a como de lugar el clima de injusticia contra las mujeres, aún el que se esconde entre las sábanas de la sutileza y el detalle imperceptible. Frente a tanto machismo, ningún exceso expresivo es malo.

Sin embargo, los problemas sociales son de diversa índole. No todos los conflictos colectivos pueden resolverse apelando al machismo. Muchos homicidas de mujeres (no todos, desde luego), son casos psiquiátricos que requieren atención clínica, altamente especializada. El entorno comunitario los detona, pero no los explica; el ambiente colectivo los estimula, pero no los justifica. 

Además de luchar frontalmente contra el machismo, y de presionar para que los hombres reconozcan su culpa por acción u omisión, se deben atender los casos criminales de forma multidisciplinar. En el feminicidio de la niña Fátima, por ejemplo, coincidieron en mala hora la negligencia de las autoridades públicas, la ausencia de valores humanos, la falta de lazos afectivos, entre otras deficiencias que en suma, privaron de la libertad, vejaron y luego mataron a una menor.

Por supuesto, hay que exigir a AMLO que ponga orden en este peligroso caos. Que mejore la prevención, la vigilancia, la persecución del delito y el castigo de culpables. Es lo menos que puede hacer un gobernante para restaurar la seguridad pública de los mexicanos. 

Pero algunos que somos desconfiados del gobierno (no de este, sino de todos los gobiernos), no podrán convencernos de que si los índices de feminicidios suben o bajan, se debe a la injerencia mayor o mejor del gobierno de AMLO en nuestras vidas. Si del incremento de feminicidios en las últimas fechas se derivará un incremento del poder del Estado en la vida personal de la gente, no cuenten conmigo. Más  regulaciones y más burocracia sólo empeorarán las cosas. Porque el más grande y prepotente macho que dispone de la vida y de la suerte de los habitantes de un país, se llama Estado: un mal que cree ser su propio remedio.  

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