Por Francisco Tijerina Elguezabal

“Una ley injusta es en sí misma una especie de violencia. Pero el arresto por su incumplimiento lo es aún más.” Mahatma Gandhi

Creo en la libertad como derecho fundamental e inalienable de los hombres.

Sostengo que, salvo prueba en contrario, el Estado no puede, ni debe, ordenar a los hombres y mujeres sobre la manera y formas en que educan y forman a sus hijos. Creo, por supuesto, en los derechos de los menores, pero insisto, el Estado sólo deberá actuar en su defensa cuando se demuestre plenamente la incapacidad o dolo de los padres para hacerse cargo de su formación.

En Nuevo León Sofía Velasco Becerra, presidenta de la Comisión Estatal de los Derechos Humanos, y la diputada Ivonne Bustos, del Partido Verde, pretenden erigirse en una autoridad por encima de los padres de familia al ordenar la prohibición de que niños y adolescentes puedan acceder a presenciar espectáculos taurinos.

Velasco se basa en una denuncia recibida por correo electrónico en la CEDH y en una recomendación hecha por el Comité de los Derechos del Niño de la Organización de las Naciones Unidas en el año 2015 que, hay que subrayar, no contó con el derecho de audiencia o réplica de padres de familia y profesionales que rebatieran la postura evidentemente unilateral para llegar a sus conclusiones.

Así, la presidenta de la CEDH en Nuevo León emitió una “recomendación” al alcalde de Cadereyta, Ernesto Quintanilla, para que vigile y se encargue de que no entren menores de edad a los espectáculos taurinos.

Los niños son ciudadanos mexicanos y por tanto tienen derechos consagrados en la Constitución y por ser menores se encuentran bajo la tutela de sus padres. Nadie, insisto, nadie, puede pretender constituirse por encima de esa potestad. Nadie puede ordenarles cómo deben vestir, en qué escuela estudiar, qué alimentos ingerir o qué programas de TV deben ver.

Soy una persona con 60 años de edad y he acudido a los espectáculos taurinos desde que estaba en el vientre de mi madre, lo he hecho durante toda mi vida y no me considero una persona violenta; como yo, muchos otros comparten mi afición y hemos crecido viendo corridas de toros; ahora como padres o abuelos llevamos a nuestros hijos a esos espectáculos y tampoco su asistencia les ha convertido en seres violentos por una simple y sencilla razón: están formados en valores y al comprender la esencia de la tauromaquia son capaces de entender su significado.

Más que preocuparse por los menores en las plazas de toros, tanto Sofía Velasco como la diputada Bustos, deberían emprender acciones encaminadas a prevenirles de la violencia que se vive a diario en las casas, en las calles, en las escuelas, en la vida diaria que hoy tristemente padecemos.

La diputada Bustos también se siente “la mamá de los pollitos” y ya pretende presentó una iniciativa en el Congreso para el mismo propósito.

Debo decirles a las dos damas que su base de argumentación es pobre y que pretenden dar órdenes sin siquiera conocer del tema del que se habla. ¿Es que acaso Velasco y Bustos han acudido en alguna ocasión a una plaza de toros? ¿Con qué derecho pretenden imponer su visión de la vida y de las cosas sobre lo que opine al respecto un padre de familia?

Sí, hay que proteger a los menores, pero antes de la “violencia” taurina, de muchos otros peligros más fuertes y cercanos, como los casos que hemos conocido recientemente y para los que, tristemente, no hubo ni recomendación ni propuesta de ley de su parte.

ftijerin@rtvnews.com

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