Venecia, esa bella ciudad que parece tener destino trágico, ha comenzado la cuaresma sin disfrutar la fiesta del Carnaval más colorida del mundo; el Carnaval de Rio de Janeiro es más explícitamente sensual y musicalmente explosivo, el de Nueva Orleans es divertido a la gringa –“show me your Tits!”-, el de Veracruz se despoja de sus prejuicios sexuales, y en Alemania bebieron cerveza desde la mañana del jueves hasta la media noche del martes. Pero Venecia se tuvo que quedar en su casa húmeda y gris a causa del pavor que provoca la aparición en nuestro panorama mundial del Covid19, también conocido como el coronavirus, nacido en China, aparentemente.

            La feria mundial de la comunicación ambulante en Barcelona –que tiene anualmente una participación numerosa de empresas asiáticas, fue suspendida. Lo mismo una competición de automóviles de carreras en China. Los propios juegos olímpicos de verano en Tokio están en peligro.

            El miedo al Covid19 está causando más estragos en el mundo que las consecuencias que están provocando las infecciones que abriga. En los aeropuertos del mundo, los centros de salud, los lugares de concentración de personas por algún motivo, las mascarillas protectoras proliferan para regocijo de sus fabricantes: no garantizan inmunidad alguna. Los noticiarios, los periódicos, las conversaciones de sobremesa, son dominadas por el famoso virus y las estadísticas fatales y de proliferación. China lleva el liderazgo y le sigue Japón. Un barco de los cruceros que navegan por el Oriente, se tuvo que quedar anclado en Yokohama  con sus pasajeros de lujo encarcelados en sus camarotes. Casualmente, Italia ya llegó a 20 fatalidades, con más de 300 infectados. En España, lugares tan distantes entre sí como Barcelona, Madrid y Sevilla ya tienen infectados. Brasil registra el primero en América Latina, un hombre mayor que había stado recientemente en Milán. Es el pavor.

            El miedo ha inspirado historias que pueden parecer fantásticas o del terror imaginario, según se quiera. La más favorecida afirma que en Wuhan, China, donde todo se originó, habría funcionado una fábrica de armas químicas que se salió de control.. Se antoja infantil, pero en la conciencia colectiva tenemos certeza de que en diferentes parte del mundo ha habido –y hay- fábricas de armas químicas o bacteriológicas. Rusia, China, Irán, Irak o los mismos Estados Unidos, son sospechosos, entre otros: nunca tendremos certeza documentada.

            México se ha mostrado desdeñoso en la atención que este fenómeno necesita. Hubo mexicanos en la ciudad de Wuhan que se quedaron ahí cautivos hasta que otros países les dieron un ride para salir a Occidente. ¿Qué hacían ahí, y qué saben de lo que en Wuhan se hace?. No creo que nos enteremos nunca. Las precauciones indispensables han sido descuidadas por las autoridades de salud mexicanas. Claro que estas autoridades tienen que atender al mismo tiempo a los ciudadanos y ciudadanas que no tienen acceso a los medicamentos que su condición médica exige. Pero no vaya a ser que las autoridades sanitarias comiencen a preocuparse por el Covid19 cuando las primeras víctimas mortales aparezcan.

            Mientras tanto, Dios nos coja confesados y con restos de ceniza en la frente o la coronilla. El Carnaval, la fiesta del desenfreno, de la carne y el pecado que se nos da una vez al año ya pasó, tristemente.

PARA LA MAÑANERA.- Señor Presidente, con todo respeto: ¿Seguirá siendo su política en contra de la inseguridad en la invitación a portarnos bien? ¿No le han dicho, desde los tiempos bíblicos, que el ser humano es malo por naturaleza y que necesita de los frenos que la sociedad le impone, por la fuerza?

felixcortescama@gmail.com

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