Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

El dirigente de la Coparmex, Gustavo de Hoyos Walther, se olvida de la solidaridad y se aprovecha, o se quiere aprovechar, del coronavirus. Los miserables no son los pobres, lo miserable es la actitud de los ricos de la Coparmex que velan por sus ingresos, sus utilidades, sus ganancias encima de la salud pública. No bastó que en la etapa neoliberal se privatizara la salud, ahora, en un redivivo Fobaproa, desean que nosotros, los ciudadanos, los subsidiemos, que las pérdidas privadas se conviertan en rescate público.

En un comunicado que difundió en su cuenta de Twitter, de Hoyos Walther propone: 

¿Las consecuencias económicas de quién? ¿De los ciudadanos o de los empresarios? Según datos de la Concanaco el paro nacional “Un Día sin Mujeres” generó un impacto económico de 30 mil millones y se habló de pérdidas pero, ¿quién perdió? ¿Las mujeres que dejaron ese día de trabajar y de consumir? Pues a ellas no se les afectó el ingreso, al contrario: ahorraron. ¿Quiénes pierden con los estadios vacíos? No los seguidores o fanáticos, que dejan de consumir, los dueños de los clubes que pierden cientos de millones de pesos; también las televisoras que mantienen jugosos contratos con los clubes y el mercado del espectáculo de la publicidad.

Gustavo de Hoyos quiere que los ciudadanos asumamos las pérdidas empresariales, hacer colectivos los impactos privados. Y así despliega las propuestas de la Coparmex.

¿Por qué acelerar la devolución de impuestos? ¿A dónde iría ese dinero? ¿A inversión o al exterior?

¿Por qué alguna suspensión provisional? ¿Bajo qué criterio?

¿Qué tiene que ver la legalidad de los actos de fiscalización con el coronavirus?

¿Qué tipo de estímulos temporales, urgentes, necesita la inversión en época de coronavirus?

¿Suspender el impuesto a gasolina y diésel cuando importamos el 60 por ciento y, con la caída de los precios petroleros, más barato?

¿No se debe mejorar siempre la financiación y acceso a créditos? ¿Quieren aprovecharse financieramente del coronavirus?

Lo más grave es el inicio: para evitar la pérdida de empleos. Ouch… antes de que los empresarios pierdan algo, mejor despedir trabajadores y que los mismos ciudadanos, como contribuyentes, paguen las “pérdidas” empresariales. En tiempos de fraternidad social, ¿se vale ser tan miserables?