Por Federico Arreola

Evidentemente, y ahora sí que por el bien de todos, el presidente AMLO se puso serio en el manejo de la pandemia. En la conferencia de prensa vespertina, en al que se declaró la emergencia sanitaria en nuestro país, la voz cantante ya no fue la de alguien de la segunda división en el gabinete, el doctor López-Gatell, subsecretario —por alguna razón no tiene el cargo de secretario—, sino que entró a resolver el problema la plana mayor del equipo presidencial.

Para empezar, el evento lo condujo el secretario de Salud, Jorge Alcocer, quien como dijo en alguna mañanera Andrés Manuel, no se expresa de corrido como los jilgueros expertos en oratoria de la época priista, pero que sin duda infunde absoluta confianza como médico experimentado que es: se traba al expresarse, sí, pero se nota que es un hombre con amplios conocimientos, adquiridos en universidades nacionales y extranjeras, pero sobre todo en una admirable práctica en el hospital que más enorgullece a los mexicanos, el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición ‘Salvador Zubirán’.

El doctor Alcocer, como jefe que es, dio la palabra a su subiordinado y vocero durante varias semanas, el de la expresión fluida pero ya tediosa de tanto repetirse, Hugo López Gatell, pero antes el secretario de Salud había puesto la pelota para que rematarán a gol los verdaderamente creíbles del gabinete en una situación de emergencia, es decir, los titulares de Marina, José Rafael Ojeda Durán, y de la Defensa, Luis Cresencio Sandoval González. Los jefes de las fuerzas armadas, después del presidente de México, son quienes más seguridad transmiten a la población. Se entiende: los militares nunca nos han fallado en las situaciones verdaderamente difíciles.

Nunca pensé que iba a llegar a decirlo, pero me pareció de lo más tranquilizador que en la conferencia de prensa el canciller Marcelo Ebrard no solo leyera el acuerdo de emergencia, sino que en la sesión de preguntas y respuestas le quitara la palabra al portavoz López-Gatell. Era necesario: la hora de los aficionados terminó y tenían que empezar a actuar los profesionales. Ya hacía falta que alguien de mucho mayor peso político, como Ebrard, aclarara lo realmente importante relacionado con las consecuencias de la pandemia.

El tema ya no es médico: estamos ante una crisis de todo el país que debe ser atendida por quienes tienen verdadera experiencia en la administración pública, como el ex jefe de gobierno de la capital mexicana y actual secretario de Relaciones Exteriores. Marcelo tuvo el buen tino de mencionar en alguna de sus intervenciones al consejero jurídico de la Presidencia, Julio Scherer, quien con su sensatez garantizará la legalidad de la declaratoria de emergencia sanitaria.

Por cierto, con su silencio prudente e inteligente —las personas discretas suelen ser las más talentosas— la secretaria de Gobernación. Olga Sánchez Cordero, otorgó al anuncio de la emergencia por el coronavirus la formalidad que necesitaba. Si alguien tiene prestigio en el gabinete es ella, y no necesita exhibirlo.

El gobierno, como en el tango, se la había pasado dando tumbos varias semanas sin decidirse a enfrentar abiertamente la pandemia, pero afortunadamente anoche los principales operadores de Andrés Manuel se pusieron al fin a enfrentar el problema con el oficio político y de gobierno que ya se extrañaba.

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