Por José Jaime Ruiz

@ruizjosejaime

El malestar de las élites en México no llega a una rebelión (las feministas sí se rebelaron), tampoco es una revuelta (como sucede en más de 25 ciudades de los Estados Unidos), mucho menos es una revolución-reacción de derecha (no hay condiciones para un golpe blando, menos para un golpe de Estado). Las recientes manifestaciones en las calles del país son una molestia pretendidamente con causa, pero sin cauces.

Quitar al presidente Andrés Manuel López Obrador, vale, pero ¿para qué? Sin propuesta la causa se desvanece: el desmadre por el desmadre no vale madre.

Los organizadores de las marchas (FRENA) tienen denominación de origen y, sin embargo, fueron mutilados en sus fines. Pedro Luis Martín Bringas (Soriana) es el líder del Frente Nacional Anti-AMLO, quien organiza a los manifestantes y sus caravanas de vehículos de lujo; su lugarteniente es el infumable Gilberto Lozano (exFEMSA). Sin embargo, Soriana se deslindó de Martín Bringas y lo dio de baja de su consejo de administración; por su parte, FEMSA acaba de pagar su millonario adeudo al SAT. Las contradicciones de la derecha, se molestan en las calles y, no obstante, los dueños acatan.

Los molestos tienen consignas, no ideas. Analfabetas de Audi y BMW, ni siquiera leen a Enrique Krauze, Héctor Aguilar Camín o Gabriel Zaid, tampoco a Denise Dresser, Pablo Hiriart, Carlos Loret o Raymundo Riva Palacio, quienes escriben para la élite de las élites iletradas.

Las caravanas son una despresurización íntima de un malestar elitista. Nacos de postín, aspiran a ser como sus dueños, los verdaderos empresarios de este país. Por eso les duele que un obrero, desde el transporte público de Monterrey, les espete “¡Pinches ridículos!”. En un video, el presidente Andrés Manuel López Obrador dijo sobre las manifestaciones: “En el 2022 viene la revocación de mandato, es una reforma que yo promoví (…) Que sigan articulándose nuestros adversarios conservadores, con todo respeto, muy corruptos, muy individualistas, con poco humanismo, porque no les importa el otro. Esa manera de pensar la respetemos”.

Los iracundos no deben comer ansias o, si lo hacen, al menos digerirlas.

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