Por Félix Cortés Camarillo

Lo inauguró en octubre de 1978 -hace 42 años- la fundación Alfa Fundación, cuando todos éramos ricos. Es la misma institución que ayer anunció su cierre porque, aún sin confesarlo, ya no tiene lana. Es el destino de muchos centros de cultura popular que los señores del dinero fundaron y financiaron, contando con la futura deducción de sus impuestos, para beneficio del populacho. Así fue con el Planetario Alfa.

Así será con entidades que acercan la ciencia, el teatro, la cultura, la danza o la música a los pobres. Hace muchos años mi amigo y patrón Emilio Azcárraga Milmo dijo una frase que ha sido mil veces vilipendiada: nosotros hacemos televisión para los jodidos, me consta que dijo. A todos sus críticos se les olvida las palabras que le siguieron: muchos mexicanos no tienen dinero para ir con su familia entera al cine, al teatro, a ver en persona a Vicente Fernández, o cuando mucho al circo. La televisión se los trae gratis a su casa.

En otra tesitura, el Planetario Alfa hizo lo mismo: a los pobres, a los jodidos, nos llevó a las estrellas; medio adormecidos en sus butacas vimos lo que nos habían platicado en la secundaria con una enorme fascinación.

La debacle económica aprieta en muchas áreas: millones de mexicanos están sin trabajo y cientos de miles tenemos que restringir nuestros gastos.

Lo peor de todo es que cuando tenemos que cortar gastos la primeras víctimas son lo que llamamos superfluo. A de pobres, nadie puede dejar de comprar arroz o frijoles, pero todos dejamos de ir al cine. A escala de país, eso se traduce en todo lo que tenga que ver con en el entretenimiento y en consecuencia la cultura. Así los mexicanos tenemos meses sin poder ir al cine, al teatro, a escuchar una cantante o a que un payaso asuste nuestros hijos. Yo, que soy un egoísta, anoto el daño que causa a mi diversión; los actores y actoras, músicos, boleteros, acomodadores, vendedores de palomitas, vienevienes, personal de aseo y vigilancia, proyeccionista, -les decimos cácaro– o cualquiera de los etcéteras que se nos ocurran. Y todo esto quiere decir algo más que crisis económica.

Yo no me acuerdo si en el Planetario Alfa vendían palomitas o bebidas oscuras que ahora son tan condenadas por la cuarta simulación. Lo que me queda claro es que me gustaría que mis nietos vieran las estrellas como yo lo hice. Y casi de grapa.

PREGUNTA para la mañanera porque no me dejan entrar sin tapabocas: con todo respeto, Señor Presidente, ¿cuándo en Navidades lleguemos a cien mil muertos por el Covid 19, ya será catástrofe?

‎felixcortescama@gmail.com

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