Por José Jaime Ruiz

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@ruizjosejaime

El presidente Andrés Manuel López Obrador no puede. Asistimos a un cambio en el régimen, no a un cambio de régimen. La 4T ya entró en crisis y las mañaneras de López Obrador no atajan los errores ni de su gobierno ni de su forma personal de gobernar. Lo único que lo mantiene vigente es la falta de organización de sus adversarios, de sus opositores.

Andrés Manuel nunca entenderá que la revolución verdadera del siglo XXI es la revolución feminista: la sociedad patriarcal es una sociedad obsoleta. El feminismo está poniendo en jaque al capitalismo patriarcal. Al capitalismo especulativo, fase superior del patriarcalismo, con la venia de Lenin. El feminismo está poniendo en entredicho las estructuras de dominación, las estructuras sexistas, clasistas, coloniales del cuerpo. De la pandemia aprendimos que la naturaleza y el cuerpo son esenciales. No hay convivencia ni con una ni con otro si las violentamos.

Andrés Manuel es un político antiambiental y misógino. Su lucha contra la corrupción es una lucha perdida, el poder corrompe de una u otra manera. La honestidad valiente se convierte en deshonestidad cobarde. Hay dos renuncias significativas: la de Jaime Cárdenas (Indep), quien nos demostró que la corrupción no es parte del sistema, sigue siendo el sistema mismo, y la de Asa Cristina Laurell, exsubsecretaria de Salud, quien puso implícitamente el dedo en la llaga: las políticas ante la pandemia de Hugo López-Gatell han sido no solo equivocadas, también criminales.

Andrés Manuel no está acabando con la corrupción y sus políticas públicas de salud son desastrosas. Quiso que no se desbordaran los hospitales ni las morgues, pero el costo de las muertes es altísimo, tanto en las estadísticas oficiales y las que no se cuentan. La corrupción no se extirpa por decreto, no se llega a la salud atentando contra la salud.

La relación con la administración Donald Trump ha sido miserable. Andrés Manuel es similar a Vicente Fox: sumisión total ante el imperio del norte. La inseguridad sigue siendo parte de la normalidad pública. Los muertos son suma, no resta. La economía de los ciudadanos está en crisis, la de los potentados, los de la mafia del poder anterior y actual, no tocada y, peor, acrecentada. Ninguna de las grandes empresas quebró por pagar los impuestos que debían. Las demasiadas pymes están en quiebra o en vías de estarlo.

Andrés Manuel no ha colmado a la izquierda las causas de la izquierda: resolver la problemática feminista, ambientalismo, indigenismo, diversidad sexual, autogestión. La 4T, ajena a promover ciudadanía, está haciendo historia, mala historia, esa que no absuelve. El sistema en que vive López Obrador es una prolongación del sistema prianista, no una revolución, no un cambio de régimen. La presidencia imperial restaurada. El presidente Andrés Manuel López Obrador no sólo no puede: no quiere.