Por Jorge Narváez

Más allá del resultado del quinto Clásico Regio que ganó Tigres en el BBVA, se notó la inexperiencia del árbitro central Oscar Mejía, quien no dejó que fluyera el partido por marcar bastantes faltas que bien pudieron pasarse por alto.

Pero no conforme con marcar muchas faltas, las que verdaderamente eran ¡no las marcó! Con esto se refrenda la crisis que enfrenta la Comisión de Árbitros y por ende en la Federación Mexicana de Futbol.

El arbitraje ha sido el protagonista en los últimos partidos del torneo. Dejando muchas dudas con aplicar el reglamento. Sobre sus decisiones han repercutido en los resultados. La cosa empeora con los expertos en el VAR, que avalan el error del silbante central.

Volviendo al derby regiomontano. El juego, sin mucho que destacar, resultó entretenido a secas. Fue un partido atípico, como todos saben, sin el color de la afición, que sí se extraña dentro de los estadios. Ambos tuvieron sus oportunidades, de las cuales Tigres las aprovechó mejor.

Tan a secas estuvo que por poco Julián Quiñones fue el más participativo. Nico López destaca por la repetida actuación que hizo al marcar gol a los pocos minutos de entrar de cambio. También Nahuel volvió hacer su trabajo al defender su portería. Aunque están estos tres jugadores, todos mostraron un nivel similar sin hacer mención especial.

Por parte de Rayados el escenario es muy parejo. No hubo goles, ni tampoco jugadores que hayan sudado la playera con reconocimiento. Sin embargo, a ellos se les recrimina más el resultado por ser locales y nuevamente perder ante el rival de la ciudad.

Aunque hasta el cansancio las autoridades recomendaron a la afición quedarse en casa, pues hubo un grupo de seguidores a Rayados que también se pasaron las indicaciones por el arco del triunfo. Acudieron al exterior del estadio a mostrar su apoyo, pero sólo mostraron su poca inteligencia y capacidad de acatar reglas. Lo más triste fue que ninguna autoridad intervino oportunamente para evitar la aglomeración. Y claro, la policía no está capacitada para andar cuidando a estos individuos.

Tan seco estuvo el juego que hay más tema con la actuación de la afición de ambos equipos que con la actuación de los jugadores al interior de la cancha. En este tema ambas aficiones volvieron a ser protagonistas, pero en una pésima novela. Los auriazules pensaron que sería una excelente idea acudir al restaurante del estadio de Rayados… ¡sin cubrebocas y sin sana distancia!

Quizá este juego no tuvo mayor trascendencia por las condiciones en las que nos encontramos por la pandemia y porque este clásico sólo representaba la suma de tres puntos. No había otra excusa para ganar este partido como lo fue la final de Liga y de Concachampions. Al final nos quedamos con un clásico que ganaron los Tigres, pero no perdió Rayados sino las barras y el arbitraje. Pronto regresará la afición a las gradas y ojalá que por lo menos ellos sí hagan su función de animar el ambiente.

Fotografía: Mexsport/ Oncediario

@SoyJorgeNarvaez