Por José Jaime Ruiz

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@ruizjosejaime

La marca “Colosio” es buena marca, aún, para Monterrey, no necesariamente para Nuevo León. Ganar una diputación no es ganar Monterrey, menos Nuevo León (Arturo Salinas jugó mal y le jugaron mal en el PAN). Luis Donaldo Colosio Riojas no tiene una historia política, tiene un legado que, aunque le duela, no es suyo, es de su padre. Asumir que Colosio es “Colosio” es un error de origen y, aventuro, hasta de denominación. El confort y lo macabro no entra en este análisis.

Y, sin embargo, Luis Donaldo lidera las encuestas para obtener la alcaldía de Monterrey; no es Movimiento Ciudadano, es Colosio. Y, a la par, no es Luis Donaldo chico, es el apellido Colosio que, quiéranlo o no sus detractores, sigue siendo un apellido profundo en Monterrey. Digo más, Luis Donaldo no es ni será Luis Donaldo.

Entre los extraños compañeros de cama, Colosio Riojas tiene dos enemigos, el alfil de Rodrigo Medina, Francisco Cienfuegos, obvio, pero también Samuel García. Hasta ahora, el único obstáculo para que Clara Luz Flores llegue a la gubernatura de Nuevo León es Colosio.

Y hasta ahora Luis Donaldo ha resultado un diputado mediocre, precisamente sin resultados. La opacidad lo caracteriza, carece de brillo propio. ¿Es un buen muchacho? Tal vez. Una función ejecutiva lo rebasará. Estará, si gana Monterrey, sometido y secuestrado por personajes fuertes, como lo está el priista Adrián de la Garza por Rodrigo Medina y sus secuaces. Entre el Yo y la circunstancia (Ortega y Gasset), Luis Donaldo se ha quedado en la circunstancia o, tal vez, en el ser o no ser inglés. Francisco Cienfuegos y Martín López ya son factores para Monterrey. Luis Donaldo debiera decidir su ruta, la suya, no la ajena.